La nueva gestión universitaria

Asistí, perplejo, este miércoles 27 de mayo, a la reunión
que convocó el Vicerrector de Profesorado de la Universidad
de León con el fin de explicar su propuesta de Plan de
Dedicación Docente del profesorado de la Universidad.
Durante toda la exposición nos habló de costes y gastos.
Determinadas cuestiones, afirmaba, “implican gastos que no
podemos asumir”; otras, “generan gastos adicionales”
implanteables, explicaba. Me pregunté si me había equivocado
de reunión. Porque parecía que estaba asistiendo a la
presentación de un balance de cuentas de una gran
multinacional, en vez de la explicación de un plan de
docencia del profesorado de esta Universidad. El criterio
fundamental que allí se barajaba era el económico. La
preocupación recurrente parecía ser el “equilibrio
presupuestario”. La prioridad se había convertido en “hacer
más con menos”. Éste parecía ser el nuevo lema. Esto es lo
que vienen denunciando desde hace meses los estudiantes ante
el plan Bolonia: la mercantilización de la Universidad.
En este modelo se impone una forma “lógica” de gestión de
las universidades proveniente del mundo mercantil. Una
gestión por objetivos y rendimientos, donde los gestores
universitarios están asumiendo que la universidad debería
gobernarse como una empresa privada. La realidad es que se
quiere gestionar la Universidad de forma mercantil con
reducción de gasto a costa de calidad de la enseñanza y de
las condiciones laborales del profesorado. Se quiere
recortar gastos haciendo un ajuste de plantilla mediante la
reducción del número de profesores y profesoras asociados
(cuya finalidad, curiosamente, era lo que propone el Plan
Bolonia, de vincular más la universidad y la sociedad:
acercar el mundo real al ámbito universitario, desde su
experiencia como profesionales).
¿Sobre quién va a recaer fundamentalmente toda la docencia
que dejan? No sólo sobre los profesores y profesoras
titulares de escuela, que en este Plan de Dedicación Docente
se les quiere aumentar exponencialmente su carga docente
(¿cómo van a poder investigar e innovar en esas
condiciones?), sino también sobre todo el resto del
profesorado, a la larga. Pero empiezan por el “eslabón más
débil”. No sólo supone una precarización de las condiciones
laborales y un retroceso en los derechos conseguidos, sino
una intensificación del trabajo del sector de profesores y
profesoras de la Universidad que ya más docencia imparten.
Esta no es la mejora de la calidad que nos prometían con el
Plan Bolonia. Esta no es la “promoción de la cooperación
Europea en aseguramiento de la calidad”, objetivo central
firmado y suscrito en la Declaración de Bolonia.
Esta nueva gestión, como ahora se denomina, crea además
muchos más conflictos en la dinámica interna del
profesorado, en donde unos y otros vamos a comenzar a
enfrentarnos entre nosotros, tratando de que caiga sobre los
otros la presión. Una reforma como la que se propone no
puede ser a coste 0. ¿Por qué siempre el coste 0 es para los
mismos y para lo mismo: educación, sanidad, etc.? Ya es hora
que nuestros rectores empiecen a luchar y reivindicar de
forma efectiva por recursos públicos para las universidades
públicas, y no que se destine el dinero de nuestros
impuestos a otros menesteres: rescatar bancos, empresas de
automóviles, etc.
Queremos que “rescaten” las Universidades Públicas y
destinen todos los recursos necesarios para que sean de
calidad. Para que haya grupos realmente pequeños, para poder
tutorizar, para que se haga investigación de calidad, para
que haya innovación, para que el profesorado se pueda
dedicar realmente a la docencia y a la investigación sin
tener que estar dedicando parte de su tiempo a luchar, cada
vez que a alguien se le ocurre hacer una reforma a coste 0,
porque se le recortan sus ya escasos derechos laborales.
Recordemos que “primero, vinieron a por el personal de
administración y servicio, pero como no lo éramos, no
hablamos cuando lo privatizaron; después vinieron a por los
estudiantes, y no hablamos porque tampoco lo éramos; ahora
vienen a por nosotros, pero ya no queda nadie para luchar
junto a nosotros y nosotras, ¿o sí?...”. Quizás es la hora
de que el profesorado y toda la comunidad universitaria
cuente y se le escuche en el Plan de Bolonia que queremos.
¿No sería mejor que los rectores y las rectoras de las
Universidades se negaran a gestionar la miseria? ¿No sería
más adecuado que se unieran para hacer frente a una reforma
a coste 0? ¿No defenderían mejor la Universidad Pública si,
en vez de imponer condiciones laborales leoninas a sus
compañeros y compañeras, que repercuten en la calidad
docente, para ajustarse a un presupuesto insuficiente,
aprendieran de los estudiantes y exigieran una reforma
consensuada con toda la comunidad universitaria y
suficientemente financiada? Si unos cuantos rectores y
rectoras de nuestras Universidades se “encerraran”,
dimitieran o simplemente se negaran taxativamente a aplicar
esta reforma, exigiendo una auténtica reforma financiada y
consensuada, como han hecho los rectores franceses, “otro
gallo cantaría”. Quizá entonces las Administraciones
educativas, que nos están imponiendo este Plan Bolonia, se
lo pensaran.
Es así como nos gustaría ver a nuestros equipos rectorales,
defendiendo los derechos de las comunidades universitarias y
no defendiendo costes 0, criterios económicos de reducción
de plantillas, intensificación y precarización de
condiciones laborales que nada tienen que ver con construir
una universidad realmente al servicio de toda la sociedad
para hacerla más justa, más sabia, más universal, más
equitativa y más comprensiva.
* Profesor de la Universidad de León. |