Referéndum sobre la reforma de la constitución
El
proyecto de nuevo artículo 135 de la Constitución Española
que tanto PSOE como PP han aprobado en el Congreso de los
Diputados, no sólo habla «estabilidad presupuestaria» y de
«limitar el déficit público» en el marco constitucional. Los
líderes de ambos partidos no han explicado la letra pequeña
de este proyecto. El nuevo artículo 135 indica que «los
créditos para satisfacer los intereses y el capital de la
deuda pública de las administraciones estarán incluidos en
los presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta».
Esta prioridad, ¿está por encima del pago de pensiones?,
¿del pago del desempleo?, ¿del pago de los salarios de los
empleados públicos?, ¿del pago de bienes o servicios
prestados por proveedores a las administraciones públicas?,
del gasto en sanidad y en educación?... Con esta nueva
Constitución la prioridad será el ajuste presupuestario y la
deuda, no el empleo ni la política social. Irán antes los
mercados que la ciudadanía.
No se trata de que «no podamos gastar tanto» o que «no
podemos gastarnos lo que no podemos pagar». ¿Alguien nos
pidió opinión para gastar millones de euros en cheques—bebé,
independientemente de las necesidades y la renta de quién lo
recibía? ¿Nos piden opinión, quizá, cuando aún destinan
millones de euros a mantener operaciones militares en
Afganistán o Libia? ¿Nos preguntaron cuando anularon el
impuesto de patrimonio o rebajaron el de sociedades? ¿Cuando
se quitó el impuesta sobre los artículos de lujo que gravaba
estos productos al 28%? ¿Quién gastó? ¿Para qué se gastó?
Durante estos años el déficit público ha ido en aumento,
debido a las concesiones que tanto PSOE como PP han ido
haciendo a la Banca y a las grandes corporaciones y a las
rentas más altas, como la inyección de dinero público a la
Banca, el no gravar las SICAV, la privatización de empresas
públicas rentables, el no perseguir el fraude fiscal, etc. Y
a una política fiscal sumamente regresiva que favorece
enormemente a las rentas superiores a costa de las rentas
del trabajo (en el 2010 las rentas del trabajo pagamos
cuatro veces más impuestos que los beneficios del capital).
Parece pues que se quiere constitucionalizar que, una vez
que se ha desvanecido la burbuja inmobiliaria, los platos
rotos los van a pagar los trabajadores y trabajadoras, los
parados y las paradas, los y las autónomas y pequeñas
empresas. Cuando viene la época de las vacas flacas se
afirma que todos hemos gastado por encima de nuestras
posibilidades y que es responsabilidad de todos el déficit
acumulado. Sin embargo a los sectores financieros y
bancarios hay que rescatarlos con inyecciones de los
impuestos colectivos. Para los demás, ajuste presupuestario
y apretarse el cinturón, cuando ya no nos queda ni
pantalones. Así lo mandan los mercados, que son insaciables
y que nada les parece suficiente para engordar su cuenta de
dividendos y beneficios. Es así como los mercados exigen más
sacrificios en el altar del capitalismo: constitucionalizar
que será prioritario y habrá que anteponer el reducir el
déficit a los gastos sociales y las políticas de empleo.
Este es el mandato de los mercados y los gobiernos
conservadores de Alemania y Francia les rinden la obediencia
debida y exigen a Zapatero que institucionalice en la
Constitución esta política de recortes sociales, que
conlleva mermar el dinero que el Estado invierte en lo
público, es decir, en los derechos sociales como sanidad,
educación o pensiones, dedicándolo primero a paliar el
déficit.
Pero no olvidemos que esta reforma no sólo tiene repercusión
en las cuentas del Estado, sino también en los de las
comunidades autónomas y por ende en los ayuntamientos. Son
muchas las competencias que los Ayuntamientos tienen, más
las que a veces ofrecen complementando o sustituyendo a
otras administraciones, y la gran mayoría de ellas se
encuentran relacionadas con cuestiones que afectan al
bienestar de la ciudadanía y al día a día de las localidades
del municipio. Si ahora recortamos las posibilidades de
mantener las inversiones municipales, sobre todo ahora en
tiempos de crisis, cuando son más necesarias que nunca, los
equipamientos públicos o la actuación de los servicios
sociales quedarán en una situación muy comprometida.
¿Quién hará frente a los servicios que hoy prestan a los
ciudadanos los ayuntamientos ante la falta de agilidad o
compromiso de las Comunidades Autónomas? Es decir a las
políticas de atención a la dependencia, apoyo al empleo, al
desarrollo local,… ¿Quién sostendrá el importante volumen de
empleo que suponen estas políticas? Estas medidas, elevadas
a rango constitucional, van a afectar al Estado del
Bienestar que ahora a duras penas mantenemos. De esta forma,
este proyecto prioriza el ajuste a través de la Constitución
frente a las políticas sociales, lo cual afecta
profundamente a los Ayuntamientos.
Y lo más grave es que se quiere hacer de espaldas a la
ciudadanía. ¿Ante un cambio tan profundo en nuestra
Constitución, por qué no preguntar a los ciudadanos y
ciudadanas? Esta es la verdadera democracia. Ni el PSOE ni
el PP llevaban esto es su programa electoral de 2008.
Entonces no están legitimados —moralmente— para hacer estos
cambios. Es más, en esta decisión sobre todo, porque supone
una pérdida de soberanía nacional, porque es un ‘golpe de
mercado’ contra la autonomía de la política y contra el
Estado de bienestar, dado que la consolidación del déficit
cero en la Constitución supondrá consolidar políticas de
ajustes y recorte de derechos sociales ante cualquier
crisis. Y porque es necesario un referéndum puesto que esta
reforma afecta al Título Preliminar, que define a España
como Estado social.
Esta crisis está desvelando con claridad el papel
instrumentalizado y subordinado de estos partidos políticos:
PSOE y PP. El poder económico dictamina la política que
tienen que hacer. Los mercados imponen la orientación
económica y la vida política está cada vez más supeditada a
sus indicaciones. Es cada vez más dictatorial y está alejada
de cualquier objetivo relacionado con el bien común. Debemos
cambiar esto y exigir un referéndum ya.
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Concejala de IU en San Andrés. |