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Resumen:
Bibi Chen es una mujer de San Francisco que está planeando
un viaje por Asia con un grupo de amigos. Antes de
celebrarse tal viaje la mujer fallece en extrañas
circunstancias, hecho que no le imposibilita para
acompañarnos en el viaje como narradora fantasmal.
La gracia en la singularidad del espectral punto de vista
narrativo se diluye en una historia que comienza de manera
interesante pero termina amodorrándose en un desarrollo con
afán de sátira en el contraste cultural, diálogos de
adolescente y personajes en situaciones de “pez fuera del
agua” cuyo devenir realmente importa un pimiento, ya que no
dejan de ser estereotipos de escasa empatía.
Realmente esta novela, como muy bien indica su título, es
nada. Un bluff completo que sorprende por la carga de
estereotipos racistas y prejuicios desde los que analiza
una realidad que parece desconocer por completo. La
visión etnocéntrica de la que hace gala, sin ningún tipo
de complejos y sin ninguna concesión, se mantiene a lo largo
de toda la novela, que se nos cae de las manos por lo
aburrida y reiterativa que es. Es el mundo de los "otros"
visto a través de los ojos norteamericanos..., como siempre.
En la página 307 tenemos una muestra de ello: "Corría
el año 1949 y nos disponíamos a abandonar el hogar de
nuestra familia en Shanghai, en vísperas de la victoria
comunista [lo cual ya nos indica desde qué punto de vista
habla la narradora, es decir, la autora]. Ya he
mencionado la locura de decidir lo que íbamos a llevar
[vaya!, parece que tenían mucho sobre lo que que decidir!]
y arreglar nuestra salida. Sólo había sitio para nuestra
familia, por lo que no pudimos llevar con nosotros a ninguno
de nuestros sirvientes, lo cual fue terriblemente triste
para todos nosotros [¡no veas, qué triste!], que
además pudimos comprobar nuestra chocante ignorancia para
valernos por nosotros mismos [¡si es que ya se sabe cómo
son los ricos!]. La cocinera y la niñera de mis hermanos
gemían incesantemente, diciendo que habían perdido su lugar
en el mundo [¿su sentido era servirles a ellos? ¡vaya!,
¡si es que los ricos dan el sentido de la vida a los pobres
explotándoles y cuando no lo hacen les dejan a punto del
suicidio!]. Otros (los menos industriosos de nuestros
sirvientes, como pude advertir [sin comentarios]) ya
estaban haciendo planes para convertirse en poderosos
proletarios [interesante calificativo que le añade carga
ideológica profunda: "poderoso" proletario] bajo el
nuevo régimen [y ya sabemos lo que significa asignar a un
gobierno el calificativo de "régimen"] y, ensayando su
nuevo carácter bravucón [cuando no son sumisos los
sirvientes, es que se vuelven auténticamente insoportables],
nos decían a la cara que estaban impacientes por deshacerse
de nosotros [como nos pasa leyendo esta novela], "los
burgueses parásitos de China", como ellos nos llamaban
[¡ah! ¿pero eso no es un dato claro y obvio? ¿o desde su
ideología eso no está claro y lo tiene que poner en boca de
los otros, con cierto retintín explicativo?]. Una
despedida bastante odiosa".
No merece la pena seguir haciendo más comentarios. Para
muestra un botón. Parece que Amy tiene que demostrar su
norteamericanismo etnocéntrico doblemente para mostrar su
fidelidad a la patria de las barras y las estrellas.
Amy Tan nació en Oakland, California
el 19 de febrero de 1952. Sus padres eran inmigrantes
chinos que se trasladaron a América en busca de un
futuro mejor. Su padre, Juan Tan, era ingeniero
eléctrico, huyó de China. La tragedia llegó a la familia
Tan cuando el padre de Amy y el hermano mayor murieron
de tumores cerebrales. La señora Tan se mudó con los
niños a Suiza, donde Amy acabó la secundaria, pero por
este tiempo la madre y la hija estaban en conflicto
constante.
Comenzó escribiendo discursos para
los vendedores y los ejecutivos de grandes
corporaciones. Tam comenzó a trabajar con el género de
la ficción, su primera historia, “Endgame” ganó un
premio. Su primer libro “El club de la buena estrella”
publicado en 1989, pronto se convirtió en un
best-seller. Su última novela publicada ha sido La Hija
del Curandero, y "Un lugar llamado nada".
Sus trabajos han sido criticados por el autor
asiático-americano Frank Chin por perpetuar los
estereotipos racistas.
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