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Resumen:
En una fría mañana de invierno, Vica, una mujer de setenta
años, se encamina sola por las calles de Bucarest. Su
intención es la de visitar a su hermana y después ir hasta
la mansión de su antigua patrona para intercambiar comida y
recordar los viejos tiempos. Cargada de bolsas, envuelta en
un viejo mantón y un sinfín de bufandas, Vica empieza un
peregrinaje en el que se desgrana su vida, y da una visión
de la historia de Rumania desde antes de la I Guerra
Mundial, hasta hoy traspasada por la admiración de la autora
hacia las mansiones de los grandes señores y la mediocridad
que supuso el reparto de los bienes con el comunismo, según
ella. Es así, como esa mañana perdida, unas horas que
parecen transcurrir entre charlas frívolas, colas en las
paradas de autobús y esperas delante de puertas cerradas, se
transforma en una épica ideológica de ferviente
anticomunismo.
Análisis: Una novela
a las que se les da tanto bombo
desde occidente porque analiza desde la perspectiva de las
"fortunas caídas" lo que supuso el comunismo, aunque lo haga
a través de la mirada de una mujer sometida. Esta novela
construida en buena parte a base de diálogos, recrea, en el
curso de una fría mañana de invierno, el recorrido por las
calles de Bucarest de la protagonista. Con su talega de
cuero colgada del hombro en la que va guardando todo lo que
cae, Vica visita la casa de su antigua patrona y recuerdan
épocas pasadas. Parte de la obra transcurre cuando se
encontraba en vías de desarrollo el proyecto de demolición
de estas casas, planificado por Ceausescu, y algunos de los
propietarios de esas maravillosas residencias ya se
encontraban en el exilio.
La escritora nos
hace ver cómo el "régimen" (según occidente) consiguió que
recelaran unos de otros. La represión, el miedo y la
destrucción de las personas tratan de mostrarse a través de
su visión personal plasmada en algunos de los diálogos de
los personajes: "Cuando anochecía y un coche se detenía
frente a la casa, todos nos quedábamos paralizados y nos
mirábamos pálidos como muertos", cuenta la patrona de Vica a
lo largo de la jornada en la que transcurre la novela, una
de las bucarestinas de clase alta retratada en la novela,
una de esas mujeres a las que los mozalbetes llamaban
"señoronas de sombrero" por la calle.
En definitiva, no merece la
pena perder el tiempo con esta novela a la que tratan de
promocionar los medios occidentales en esta oleada
anticomunista que vivimos, buscando que cale la idea de que
el comunismo es una dictadura y buscando ocultar que el
comunismo ha sido siempre la lucha por la igualdad y la
justicia de toda la humanidad.
Gabriela Adamesteanu es una de las
autoras que más se le ha dado publicidad dentro y fuera
de Rumania. Nacida en 1942 en Targu Ocna, pronto destacó
como periodista, traductora, ensayista y autora de
cuentos cortos. A mediados de los setenta publicó su
primera novela, que le valió el Premio de la Academia
Rumana, pero fue Una mañana perdida la novela que
la llevó al éxito y le valió el Premio de la Unión de
escritores. El texto fue publicado en francés por
Gallimard y convertido en obra teatral en 1987, lo cual
supuso un auténtico revuelo en la época de Ceausescu.
Defensora desde siempre del liberalismo y el libre
mercado, en este momento Adamesteanu sigue con su tarea
de narradora y dirige la revista 22, una de las
publicaciones políticas y literarias con más influencia
del país.
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