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La soledad de los números primos
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Resumen: En una clase de
primer curso Mattia había estudiado que entre los
números primos hay algunos aún más especiales. Los
matemáticos los llaman números primos gemelos: son
parejas de números primos que están juntos, o mejor
dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un
número par que los impide tocarse de verdad. Números
como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43.
Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos
gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante
para tocarse de verdad.»
Esta bella metáfora es la clave de la dolorosa y
conmovedora historia de Alice y Mattia. Una mañana fría,
de niebla espesa, Alice sufre un grave accidente de
esquí. Si la firmeza y madurez con que este joven autor
desarrolla el tono narrativo impresiona y sorprende, no
menos admirable es su valor es su valor para asomarse
sin complejos, nada más y nada menos, a la esencia de la
soledad.
Análisis: Parte de dos personas gravemente
heridas en su niñez -se hacen daño con las herramientas de
una vida que, como niños, no entienden o no manejan con
pericia-. Y el acierto de Giordano es que, en el lento
recorrido por el tiempo, por los años que apenas logran
hacer un poco más pálidas las cicatrices de sus personajes,
provoca nuestra empatía de una manera inconsciente. La
virtud de este libro es la aritmética, que es la sintaxis de
los números. Seremos los primos, los únicos de una familia
desposeída de sus iguales o de sus contrarios. Habremos
perdido la capacidad de satisfacer el hambre de lograr la
unidad con el otro, o al menos esa sed infinita de compartir
nuestra soledad. Pero la sed persiste. Y los protagonistas
de "La soledad de los números primos", Mattia y Alice,
tienen esa misma discapacidad, lo que ocurre es que la
somatizan en la inquietante sensación de tener las manos
secas (uno) o un trastorno anoréxico (otra). Hambre y sed:
Giordano ha echado cuentas y sabe que extrañando a los
personajes, haciéndolos pasar por seres "enfermos", el
lector se confía, se siente a salvo y entra en el juego:
pensar la soledad como soledad, no como trama. Y es entonces
cuando te echa el lazo, porque la soledad ya no deja de
serlo cuando salta de las páginas a tus ojos, de la ficción
a tus propias vivencias perdidas en la memoria. El libro
cuenta una historia desnuda, la de dos personas unidas,
unidas, por un destino tan común como imposible de
compartir.
Unos capítulos de inicio con una
fuerza inusitada, una forma de narrar sin concesiones,
adusta, seca, y real, una prosa fresca, renovada y
fuertemente adictiva, que te hacen desear conocer sin
demora el transcurso del resto de la historia, y una
presentación de los personajes protagonistas realmente
impactante.
Las vidas,
irremediablemente conectadas pero al mismo tiempo
separadas, de Mattia y Alice se nos desarrollan en
diversos momentos temporales, en una vida nada fácil
para ninguno de los dos, desde el suceso traumático que
cada uno de ellos vivió en su infancia que marcará la
trayectoria vital de ambos como un estigma, pasando por
los difíciles momentos de la adolescencia, donde la
crueldad sin límites de sus compañeros les pondrá en el
borde del precipicio día tras día, hasta la llegada a la
edad adulta en la que van tomando decisiones como
pueden, a salto de mata, sobreviviendo, construyendo con
retales el destino que en realidad no desean. Los
protagonistas nos llevan, mediante una prosa
excepcional, sin casi pretenderlo, a su interior,
dejándonos atisbar su inmenso sufrimiento, las causas
básicas de un presente y de un futuro no elegido, sino
encontrado, desembocadura de los trompicones de sus
extremas personalidades y de la suma del día tras días,
de las palabras no dichas o, más concretamente, de la
incapacidad de decirlas.
Una novela sin
concesiones, seca y brutal, con dos personajes extremos
que en su exacerbada personalidad nos muestras trazos de
la sociedad actual, implacable y cruel con los débiles o
los diferentes. Una historia que se atreve a indagar en
las causas probables de la anorexia y de las
auto-lesiones. Una historia que no deja aire alrededor,
que fluye al abismo sin ningún freno, que te arrastra
aunque no se quiera junto con Mattia y Alice en su
particular infierno, seguramente como nos pasa a todos
nosotros en la vida, incapaces de salir de nuestro
particular pozo.
Tal vez esta es la única
pega que se le puede poner a la novela, que a veces no
necesitamos historias tan reales, sino que la
literatura nos permita coger aire para pensar que la
vida y nuestros particulares infiernos tienen en
realidad una pequeña salida…
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Paolo
Giordano |
Paolo Giordano (Turín,
1982), es un escritor
italiano ganador del
Premio Strega en su edición de 2008 con su primera
novela, La soledad de los números primos. Paolo
Giordano vive en San Mauro Torinese, su lugar de origen.
Su padre, Bruno, es ginecólogo, mientras que su madre,
Iside, es profesora de inglés; Tiene una hermana mayor.
En el año 2001 se diploma con una calificación
excepcional (100/100) en el Liceo científico estatal
"Gino Segré" de Turín. Finaliza su licenciatura (laurea
especialistica, titulación universitaria italiana) en
Física de las interacciones fundamentales, graduándose
cum laude en la Universidad de Turín, con una tesis de
laurea considerada entre las mejores. Obtuvo una beca
para realizar un doctorado en física de partículas en la
Escuela de doctorado en Ciencia y Alta tecnología de la
misma Universidad. Se encuentra estudiando las
propiedades del quark fondo en un proyecto cofinanciado
por el Instituto Nacional de Física Nuclear de Italia, y
en particular, la descomposición inclusiva del mesón B
en el canal semileptónico y radiativo.
Con la novela La soledad de los números primos, ganó en
2008 el Premio Campiello a la mejor Opera Prima, el
Premio Fiesole Narrativa Under 40 y el Premio Strega; a
sus 26 años es el escritor más joven que ha ganado este
último reconocimiento literario. Según Tuttolibri, el
suplemento cultural del diario La Stampa, es el libro
más vendido en italia en 2008, con más de un millón de
copias.
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