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Siete casas en Francia

Bernardo Atxaga

2009. Madrid: Alfaguara, 255 páginas

Siete casas en Francia

Resumen: La estación militar de Yangambi se levanta en el corazón de la selva congoleña. Ahí vegeta un destacamento de la Force Publique, el brazo armado en África del rey Leopoldo II de Bélgica. Es el año de 1903, y todo va bastante bien en Yangambi, la estación militar que la Force Publique del rey Leopoldo II tiene en el corazón de África. Los ensordecedores gritos de los chimpancés y los mandriles acompañan las ingentes recolecciones diarias de caucho. Las posibilidades de diversión resultan escasas. Las partidas de caza no abundan por temor a un ataque de los nativos rebeldes, de un guepardo, un león, una serpiente mamba… Las misivas de los familiares, la lectura del periódico local y la celebración de torneos de tiro amenizan los días. El alcohol y las cartas en el Club Royal hacen lo propio durante las noches, así como las visitas a los cercanos prostíbulos, pero ello no evita que sobre los miembros del campamento reine un ambiente de apatía y melancolía. La mayoría se pasa las largas jornadas perdidos en sus ensoñaciones. En otras palabras, cunde el deseo de regresar a Bélgica. Los oficiales blancos encargados de que los recolectores de caucho no desfallezcan en su labor disparan sin contemplaciones a quien trate de huir de esa esclavitud. El capitán Lalande Biran, poeta y pintor aficionado que reclama a una virgen por semana para violarla sin contagiarse de una posible enfermedad de transmisión sexual, posee unos ojos d´or et d´azur, y pierde cada dos por tres su alianza matrimonial, no ve el momento de que su enriquecimiento ilícito con el tráfico de materias primas (marfil y caoba) le permita comprarle a su esposa la séptima casa que le ha prometido y hacer las maletas. El teniente Van Thiegel, ex legionario que colecciona conquistas amorosas y cartas de su madre, sueña con abrir un moderno bar en Amberes y seducir a la mujer de Biran, de quien guarda celosamente una foto en bañador que le ha robado a su marido. El oficial Chrysostome, el tirador más prodigioso que jamás haya pisado el Congo, el cual lleva siempre lleva a la vista en su pecho sin vello una cinta de color azul y una cadena de oro, despierta la curiosidad de todos por su carácter taciturno y, antes que nada, por su nulo interés por las mujeres. El criado Donatien y el jefe de camareros Livo esconden, detrás de su comportamiento solícito y su ánimo servicial, oscuras intenciones a la espera de que llegue el momento de revertir la situación.

Pero las cosas empiezan a ser diferentes con la llegado de un nuevo oficial, Chrysostome Liége, y con el anuncio que en su villa de la Costa Azul hace Leopoldo II: quiere visitar el Congo, “su jardín de tres millones de metros cuadrados”, y dotar a los diferentes pueblos que allí habitan de una reina comme il faut, es decir de una reina que esté a la altura de las circunstancias. Por decirlo así, el anuncio dispara todas las ilusiones de la primera autoridad de Yangambi, el capitán Lalande Biran, y la situación se vuelve un tanto difícil. La noticia de que el mismísimo rey Leopoldo II, acompañado por el duque Armand de Saint Foix (íntimo amigo de Lalande Biran), visitará Yangambi de cara a realizar una ofrenda a la Virgen en el vecino islote de Samanga, saca del estupor a la estación. Sin embargo, la euforia es breve, pues no tarda en llegar una carta para comunicar que finalmente la comitiva se compondrá de sólo un obispo y un periodista dotado de una revolucionaria cámara Kodak para inmortalizar el momento.

Análisis: Dicen que esta novela de Atxaga es mucho más que una mera crónica de la época colonialista. Lo cierto es que Siete casas en Francia intenta ser una novela que huye de la crónica sombría o de la denuncia vehemente, buscando, a través del humor y de la aventura, la metáfora que habla del lado siniestro de nuestro mundo. Pero no lo consigue: ni la denuncia, ni la crónica. Siete casas en Francia no pasa de ser una crónica folletinesca descrita con cierto humor y una pizca de sátira, con unos peculiares personajes que se mueven entre la ridiculez, la intriga, el desconcierto y el esperpento.

El drama que trata de reflejar a través de los sucesos de la narración, no nos sorprende ni inmuta, porque los personajes no nos llegan a calar, porque los personajes son tan claros en sus intenciones que a mitad de la novela ya intuimos como va a terminar. Los principales protagonistas enarbolan sus defectos sin ningún recato, resultando, unos envidiosos hasta la médula, otros avariciosos sin medida, otros religiosos y rectos hasta la muerte, provocando un aburrimiento mortal en el lector, a imagen y semejanza al que se respira en el destacamento Yangambi a orillas del río Congo.
 

Bernardo Atxaga

Jose Irazu Garmendia, conocido con el pseudónimo de Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 27 de julio de 1951), es un escritor español en lengua vasca. Nacido en Asteasu, hijo de un padre carpintero y una madre maestra, fue a Bilbao para cursar sus estudios universitarios, logrando la licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao en 1973. Poco antes, en 1972, había escrito su primer texto en euskara: Borobila eta puntua, breve composición teatral integrada en la antología Euskal literatura 72. Sus textos llegaron al escritor bilbaíno Gabriel Aresti, quien jugaría un papel importante en el joven Atxaga, animándole a escribir, augurándole un gran futuro y aconsejándole asimismo la lectura de algunos clásicos de la literatura en euskara. Tras realizar el servicio militar obligatorio, trabajó en un banco de San Sebastián, publicando en 1975 sus primeros textos en la revista literaria Panpina Ustela ("La muñeca podrida"), que publicó durante algún tiempo junto con Koldo Izagirre. A finales de los setenta regresó a Bilbao, trabajando en numerosos oficios (instructor de euskera, guionista para programas de radio, vendedor de libros, economista, etc.) que combinaba con la escritura. En 1976 vio la luz su primera novela, de corte vanguardista, Ziutateaz (De la ciudad) a la que seguiría el poemario Etiopia (1978), obra fundamental en la poesía vasca contemporánea y que cerraba la trayectoria vanguardista del autor. Fue miembro del grupo literario de vanguardia Pott (1978-1985) junto a Joseba Sarrionandia, Ruper Ordorika, Jon Juaristi y otros escritores. A comienzos de los años ochenta, Atxaga decide dedicarse profesionalmente a la literatura.

 

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