|
Resumen: La estación militar
de Yangambi se levanta en el corazón de la selva
congoleña. Ahí vegeta un destacamento de la Force
Publique, el brazo armado en África del rey Leopoldo II
de Bélgica. Es el año de 1903, y todo va bastante bien
en Yangambi, la estación militar que la Force Publique
del rey Leopoldo II tiene en el corazón de África. Los
ensordecedores gritos de los chimpancés y los mandriles
acompañan las ingentes recolecciones diarias de caucho.
Las posibilidades de diversión resultan escasas. Las
partidas de caza no abundan por temor a un ataque de los
nativos rebeldes, de un guepardo, un león, una serpiente
mamba… Las misivas de los familiares, la lectura del
periódico local y la celebración de torneos de tiro
amenizan los días. El alcohol y las cartas en el Club
Royal hacen lo propio durante las noches, así como las
visitas a los cercanos prostíbulos, pero ello no evita
que sobre los miembros del campamento reine un ambiente
de apatía y melancolía. La mayoría se pasa las largas
jornadas perdidos en sus ensoñaciones. En otras
palabras, cunde el deseo de regresar a Bélgica. Los
oficiales blancos encargados de que los recolectores de
caucho no desfallezcan en su labor disparan sin
contemplaciones a quien trate de huir de esa esclavitud.
El capitán Lalande Biran, poeta y pintor aficionado que
reclama a una virgen por semana para violarla sin
contagiarse de una posible enfermedad de transmisión
sexual, posee unos ojos d´or et d´azur, y pierde cada
dos por tres su alianza matrimonial, no ve el momento de
que su enriquecimiento ilícito con el tráfico de
materias primas (marfil y caoba) le permita comprarle a
su esposa la séptima casa que le ha prometido y hacer
las maletas. El teniente Van Thiegel, ex legionario que
colecciona conquistas amorosas y cartas de su madre,
sueña con abrir un moderno bar en Amberes y seducir a la
mujer de Biran, de quien guarda celosamente una foto en
bañador que le ha robado a su marido. El oficial
Chrysostome, el tirador más prodigioso que jamás haya
pisado el Congo, el cual lleva siempre lleva a la vista
en su pecho sin vello una cinta de color azul y una
cadena de oro, despierta la curiosidad de todos por su
carácter taciturno y, antes que nada, por su nulo
interés por las mujeres. El criado Donatien y el jefe de
camareros Livo esconden, detrás de su comportamiento
solícito y su ánimo servicial, oscuras intenciones a la
espera de que llegue el momento de revertir la
situación.
Pero las cosas empiezan a ser
diferentes con la llegado de un nuevo oficial,
Chrysostome Liége, y con el anuncio que en su villa de
la Costa Azul hace Leopoldo II: quiere visitar el Congo,
“su jardín de tres millones de metros cuadrados”, y
dotar a los diferentes pueblos que allí habitan de una
reina comme il faut, es decir de una reina que esté a la
altura de las circunstancias. Por decirlo así, el
anuncio dispara todas las ilusiones de la primera
autoridad de Yangambi, el capitán Lalande Biran, y la
situación se vuelve un tanto difícil. La noticia de que
el mismísimo rey Leopoldo II, acompañado por el duque
Armand de Saint Foix (íntimo amigo de Lalande Biran),
visitará Yangambi de cara a realizar una ofrenda a la
Virgen en el vecino islote de Samanga, saca del estupor
a la estación. Sin embargo, la euforia es breve, pues no
tarda en llegar una carta para comunicar que finalmente
la comitiva se compondrá de sólo un obispo y un
periodista dotado de una revolucionaria cámara Kodak
para inmortalizar el momento.
Análisis: Dicen que esta novela de Atxaga es
mucho más que una mera crónica de la época colonialista. Lo
cierto es que Siete casas en Francia intenta ser una
novela que huye de la crónica sombría o de la denuncia
vehemente, buscando, a través del humor y de la aventura, la
metáfora que habla del lado siniestro de nuestro mundo. Pero
no lo consigue: ni la denuncia, ni la crónica. Siete
casas en Francia no pasa de ser una crónica folletinesca
descrita con cierto humor y una pizca de sátira, con unos
peculiares personajes que se mueven entre la ridiculez, la
intriga, el desconcierto y el esperpento.
El drama que trata de reflejar a
través de los sucesos de la narración, no nos sorprende
ni inmuta, porque los personajes no nos llegan a calar,
porque los personajes son tan claros en sus intenciones
que a mitad de la novela ya intuimos como va a terminar.
Los principales protagonistas enarbolan sus defectos sin
ningún recato, resultando, unos envidiosos hasta la
médula, otros avariciosos sin medida, otros religiosos y
rectos hasta la muerte, provocando un aburrimiento
mortal en el lector, a imagen y semejanza al que se
respira en el destacamento Yangambi a orillas del río
Congo.
 |
|
Bernardo
Atxaga |
Jose Irazu Garmendia, conocido con el
pseudónimo de Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 27 de
julio de 1951), es un escritor español en lengua vasca.
Nacido en Asteasu, hijo de un padre carpintero y una
madre maestra, fue a Bilbao para cursar sus estudios
universitarios, logrando la licenciatura en Ciencias
Económicas por la Universidad de Bilbao en 1973. Poco
antes, en 1972, había escrito su primer texto en euskara:
Borobila eta puntua, breve composición teatral integrada
en la antología Euskal literatura 72. Sus textos
llegaron al escritor bilbaíno Gabriel Aresti, quien
jugaría un papel importante en el joven Atxaga,
animándole a escribir, augurándole un gran futuro y
aconsejándole asimismo la lectura de algunos clásicos de
la literatura en euskara. Tras realizar el servicio
militar obligatorio, trabajó en un banco de San
Sebastián, publicando en 1975 sus primeros textos en la
revista literaria Panpina Ustela ("La muñeca podrida"),
que publicó durante algún tiempo junto con Koldo
Izagirre. A finales de los setenta regresó a Bilbao,
trabajando en numerosos oficios (instructor de euskera,
guionista para programas de radio, vendedor de libros,
economista, etc.) que combinaba con la escritura. En
1976 vio la luz su primera novela, de corte
vanguardista, Ziutateaz (De la ciudad) a la que seguiría
el poemario Etiopia (1978), obra fundamental en la
poesía vasca contemporánea y que cerraba la trayectoria
vanguardista del autor. Fue miembro del grupo literario
de vanguardia Pott (1978-1985) junto a Joseba
Sarrionandia, Ruper Ordorika, Jon Juaristi y otros
escritores. A comienzos de los años ochenta, Atxaga
decide dedicarse profesionalmente a la literatura.
|