IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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Paraíso inhabitado

Ana María Matute

Barcelona: Destino, 2008. 350 páginas

 

Resumen: «Nací cuando mis padres ya no se querían», recuerda Adriana, mucho después de que todo haya sucedido. Por ello, la niña se crea un paraíso propio, poblado por amigos imaginarios y una familia de su elección.
Esta felicidad a medida se ve perturbada cuando Adriana debe iniciar el periplo escolar y entrar definitivamente en el mundo de los adultos, un entorno que le resulta ajeno cuando no hostil. Sin embargo, siempre queda un refugio bajo las relucientes estrellas escondidas en los cristales de la lámpara del salón.
Auténtica obra maestra en la aplaudida trayectoria de Ana María Matute, Paraíso inhabitado recrea un universo infantil delicado y maravilloso, que hipnotiza al lector desde la primera página.

Análisis: Lamentaba Clarín la “castiza sequedad sentimental” de nuestra novela, rasgo cierto que incluso se ha acentuado con el tiempo al haber añadido la influencia de la narrativa centroeuropea en las últimas generaciones un plus de frialdad abstracta. Produce por eso impresión de extrañeza encontrarse con una obra tan llena de emociones como Paraíso inhabitado. Pero no es algo peculiar de la nueva novela de Ana María Matute (Barcelona, 1926) porque esa impregnación cordial atraviesa toda su obra. Ello implica el peligro de que parezca una escritora inactual con planteamientos de otro tiempo o de una vivencialidad excesiva. ésa es, sin embargo, la apuesta personal de la escritora, a ella se mantiene fiel y no cabe sino aceptarla o no porque se trata de la sustancia misma de su orbe imaginario En eso, en aprovechar recursos emocionales algo efectistas, consiste el modo particular de Matute de decir la verdad, la suya, acerca de la realidad hostil que llamamos existencia.

Paraíso inhabitado responde al clásico esquema del relato de iniciación que refiere el tránsito de la infancia a la primera madurez. El proceso lo explica en primera persona desde un impreciso y distante tiempo posterior la propia protagonista, Adriana, o Adri, quien se remonta a una niñez que se clausura al llegar a los 12 o 13 años como si fuera una etapa estanca, aunque de consecuencias indelebles. Adri evoca ese periodo con una eficaz mezcla de perspectiva crítica y de inocencia propia de la edad. Confluye una doble mirada sobre la vida, el enjuiciamiento severo del adulto y el sorprendido descubrimiento del niño. Ambos enfoques recrean un escenario de límites claros, la infancia a un lado, los mayores, los Gigantes, como los llama Adriana, a otro. Son dos realidades tangentes pero separadas, hostiles. El argumento se detiene en el momento en que la niña pasa a formar parte de los Gigantes y alcanza una maduración dolorosa que implica el reconocimiento de un “paraíso inhabitado”, el que Adri supone en el horizonte añorado que vislumbra desde la ventana de su habitación.

Como siempre en la escritora, el mundo adquiere una dimensión dual, el bien y el mal, la felicidad y la desgracia o tristeza, aunque con elementos en ambos sectores que equilibran la polarización maniquea. El bien y la felicidad residen en la infancia, sin que sea una experiencia por completo gozosa. La niña se siente desvalida y sufre de manera traumática la soledad. El remedio será un agudo ensimismamiento: se oculta de la vista de los mayores, se refugia en la fantasía, se entrega a la lectura, vive con la plenitud de lo real los cuentos populares. Esta estrategia le sirve de parapeto contra las agresiones del entorno: la familia, el colegio, y hasta, en segundo plano, la sociedad, de cuyas convulsiones revolucionarias le llegan ecos (parte de la acción tiene como telón de fondo la República y la guerra). La amistad con otro niño solitario, Gavi, modelo de amor purísimo y desprendido, constituye la gran opción frente a un mundo lleno de espinas. Esta historia hermosa, tierna sin ternurismo y un poco simbólica, la convertiría un autor idealista en alternativa existencial, pero ello resulta imposible en una pesimista radical como Matute. No corro el riesgo de estropear a nadie la lectura si adelanto que la historia acaba mal. El mal habita en el dominio de los Gigantes, donde Matute encierra esa dosis de crítica social o de notación testimonial que nunca falta en sus libros. El argumento deja ver las costuras del traje que viste a la burguesía acomodada: mentalidad conservadora, comportamientos egoístas, soberbia clasista, hipocresía...

En la estrategia de la autora para recrear esa representativa colectividad en su conjunto tiene gran importancia la configuración de los personajes. La mayoría de ellos están bastante individualizados, pero a la vez asumen explícita o insinuada carga de tipos modélicos, de tal manera que forman como núcleos diferentes. Adri y Gavi representan la orfandad y el desvalimiento y son el eje de atención de los otros dos grupos. Por un lado están los negativos (la madre de la niña, símbolo de la dureza de corazón; las monjas del colegio, que encarnan la intransigencia). Por otro los positivos. Estos últimos tienen un curioso funcionamiento. En principio, parecen figuras secundarias o complementarias de los anteriores, pero son muy importantes y constituyen una personalísima aportación de Matute. Me refiero a Tata María e Isabel, las criadas de la casa; a Teo, especie de tutor del niño, y a Eduarda, la tía materna de la niña. Representan con claridad el arquetipo del transgresor de las convenciones. Las criadas ocultan las travesuras de Adri y la ayudan en sus tejemanejes; el tutor, de rasgos guiñolescos, funciona como el preceptor bondadoso que trasmite conocimientos vitales sustantivos, y Eduarda representa la libertad y el amor sin hipotecas.

Estos últimos personajes andan más cerca de la literatura que de la vida, y desde esta perspectiva hay que apreciarlos pues les aguarda una misión especial, la de ejemplificar los valores que merecen el máximo aprecio de Matute. Cada uno aporta la nota de persona libre, independiente, ensoñadora, y en conjunto, forman una galería de seres un tanto marginales, o al margen de la rutina; en suma, gentes un poco raras, excéntricas, leales, sencillas. La autora, desdoblada en narradora, los muestra con indisimulada simpatía y los convierte en soporte de una tesis: esos seres humanos tendrían que poblar el planeta. Es apenas un islote de lo auténtico en un mundo que niega la felicidad, y de él es expulsada Adriana, quien, vividas las experiencias de la maduración, incluida la más radical, el conocimiento de la muerte, termina por integrarse con los Gigantes. La chica no tiene escapatoria a la mediocridad a la que está antropológicamente condenada. Los sueños de infancia, ahora ya el Paraíso perdido, le quedarán grabados como una quimera.

El rasgo literario básico del mencionado bucle de ideas radica en prescindir de lo especulativo y en adoptar un tono emocional. Matute plantea la novela como una historia melodramática a la que incorpora componentes legendarios. Con ello busca un efecto comunicativo directo. Quiere trasmitir sensación de verdad y no le importa la categoría de los recursos con tal de lograrlo. Menudean en Paraíso inhabitado datos autobiográficos confesados por la escritora: Adriana, como la propia Matute, se siente víctima de una madre distante, padece un tartamudeo infantil paralizante y halla refugio leyendo bajo las sábanas.

En buena medida, Matute ha escrito una autobiografía imaginaria, síntesis de sus ideas y de su obra, que vale como el testamento literario que lega alguien curtida en experiencias. El riesgo que esto implica de reiterar lo ya conocido de la escritora se salva gracias a la sinceridad emocional que sostiene la anécdota. Esta novela cálida y triste viene a ser el compendio de una autora empeñada en reafirmar su rebeldía a una edad avanzada y que vuelve a dejarnos un mensaje pesimista sobre la vida con su modo de contar no pretencioso ni envarado al tiempo que profundo y serio.

Santos SANZ VILLANUEVA
 

Ana María Matute

Ana María Matute Ausejo (Barcelona, 26 de julio de 1926), novelista española y miembro de la Real Academia Española, donde ocupa el asiento K, es también profesora invitada en las universidades de Oklahoma, Indiana y Virginia. Matute es una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX y es considerada por muchos como la mejor novelista de la posguerra española.

Ana Maria Matute trata muchos aspectos políticos, sociales y morales de España durante el periodo de la posguerra. Su prosa es muy frecuentemente lírica y práctica. En sus novelas, Matute incorpora técnicas literarias asociadas con la novela modernista o surrealista. Con todas estas cualidades y talento literario, Matute es considerada "una escritora esencialmente realista". Basado en su género realista, muchos libros de Matute tratan del periodo de la vida que abarcan desde la niñez y la adolescencia hasta la vida adulta.

Matute utiliza mucho, como fuente primaria, al pesimismo, lo cual le da a sus novelas una sensatez más clara que la realidad de la vida. "La enajenación, la hipocresía, la desmoralización y la malicia", son características que comúnmente son fáciles de encontrar en la ficción de sus obras. Una de sus características más comunes es el uso de la trilogía: una obra literaria que está compuesta por tres novelas o cuentos que tienen tanto características en común como diferentes. Muchos críticos consideran que su mejor obra es la trilogía Los Mercaderes, la cual está conformada por Primera memoria, Los soldados lloran de noche y La trampa. Sobre su obra se dice dice que "aunque los argumentos de cada una de sus novelas son independientes, las une el tema general de la Guerra Civil y el retrato de una sociedad dominada por el materialismo y el interés propio"..

 

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