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Resumen:
Una profesora de instituto espera en su casa a que el
repartidor del supermercado le traiga la compra. El
repartidor se retrasa y ella se marcha. Horas después
encuentra que le han dejado la compra a unos vecinos y se
han estropeado los productos congelados. Llama al
supermercado para quejarse. Al día siguiente, la profesora
aún no se ha quitado la camiseta de dormir cuando llaman al
timbre; es el repartidor del supermercado, un hombre de
Ecuador. El hombre le dice que por causa de su llamada
telefónica le han despedido. La profesora lamenta el
incidente, pero el hombre insiste: ella es responsable de su
despido, debe encontrarle otro empleo. A partir de ese
momento, la vida de la profesora se ve afectada, y con ella,
la vida de su familia. En el cuento tradicional, el padre de
Blancanieves está en el castillo, asiste a las maquinaciones
de la madrastra pero guarda silencio. ¿Por qué no advertimos
que estaba ahí? ¿Existe la clase media o es una ficción
hermosa y triste? ¿Puede el padre de Blancanieves llevar su
ánimo a la altura de su espíritu?
Análisis: En el cuento tradicional el padre
prácticamente desaparece, está elíptico, no interviene en
ninguna circunstancia por muy terrible que sea para
Blancanieves, que es el personaje más débil, su vida queda
bajo el poder y la intención de decidir de la madrastra, el
padre, quien tiene el poder en sus manos no lo ejerce, ha
abandonado su responsabilidad dejando a la parte más ajena a
sí mismo el poder de decidir, tal y como hace la mayoría
social en ésta sociedad, que la enajena de sus propios
intereses, gente que se quiere creer que lo que ocurre a su
alrededor no tiene nada que ver con ella, que se da la
vuelta ante los atropellos que lleva a cabo la madrastra de
Blancanieves sobre unas partes u otras del conjunto social,
que es inactiva ante los atropellos del poderoso
capitalista, que vive temerosa o hinchada del individualismo
insolidario e irresponsable. ¿Somos la mayoría como el
padre de Blancanieves? Una novela coral e
—increíblemente— intimista al mismo tiempo, un espectacular
fresco de la clase media española, de la clase obrera, de
esa socialdemocracia bienpensante que lo entiende todo, que
se solidariza con todo, pero que no actúa —no actuamos—
frente a nada.
Antes de comenzar la narración encontramos un párrafo de
Jacques Lacan y dos preguntas -comprendidas en una
declaración sobre lo que ha de saber un futbolista, “para
qué juega y para quién juega. Es lo que debe preguntarse y
responderse”-
El arranque, además de sencillo, es espectacular: Manuela,
una profesora de instituto, está esperando a que le traigan
la compra del supermercado, pero tiene que marcharse ante el
retraso. Cuando vuelve, han dejado la compra a unos vecinos
y unos productos congelados se han estropeado. Llama al
supermercado para quejarse. Al día siguiente, el repartidor,
ecuatoriano, se presenta en su casa; lo han despedido y dice
a Manuela que a partir de entonces es responsabilidad de
ella el que él encuentre trabajo y hasta que lo haga, estará
siempre presente en su vida.
Alrededor de este hecho, y a partir de él, Gopegui
nos introduce en un crisol del Madrid de nuestros
días: el núcleo de Manuela, que a raíz de eso entra en una
profunda crisis: su marido, Enrique, de 49 años, y sus tres
hijos: Susana, de veinte años, que milita en grupos
antiglobalización radicales, Marcos, de dieciséis y Rodrigo,
de trece, que va a protagonizar un episodio de violencia en
el recreo, no por cotidiano, menos tremendo. Alrededor de
Susana nos introduce en varios personajes que, de una forma
u otra, militan en organizaciones de izquierdas, de vocación
ecologista. Y todos ellos, inmersos, como nosotros, en unos
tiempos convulsos -aunque no lo parezca- y confusos, donde
el dinero, el capital, el poder empresarial y las
transacciones económicas son faro y guía no ya de la
sociedad, sino del individuo.
Precisamente de esa oposición entre lo individual y
colectivo nacen las páginas más brillantes de esta brillante
novela. Hay varias, muchas, voces, incluso, en un alarde de
valentía y pericia, (que el lector agradece), una voz
colectiva que procede de una asamblea que cuenta. Gopegui
utiliza su novela para un fin: el de comprender qué
está pasando y, claro, qué podría pasar, no desde la utopía
o idealismo, sino desde la toma de conciencia y como punto
de partida, que es algo que muchas veces se nos olvida: que
hay que comenzar y recomenzar varias veces. Porque en
El padre de Blancanieves se insta a
recuperar los valores de la ciudadanía como estamento
fundamental en la construcción de la sociedad y de su propia
historia.
Tras licenciarse en Derecho por la
Universidad Autónoma de Madrid inició su carrera
profesional colaborando en las secciones literarias de
diversos medios de prensa, entre ellos el diario El Sol,
para el que realizó entrevistas. En 1993 la
editorial Anagrama publicó con gran éxito su primera
novela
La escala de los mapas, que recibió los premios
Tigre Juan y el
Iberoamericano Santiago del Nuevo Extremo para autores
noveles. Su segunda novela,
Tocarnos la cara, se publicó en 1995, también con
gran acogida de público y crítica. Su tercera novela,
La conquista del aire, se publicó en
1998 y fue adaptada al cine en
2000 con el título
Las razones de mis amigos por
Gerardo Herrero. Con la adaptación de su novela al cine,
junto con
Ángeles González Sinde, comenzó su carrera como
guionista: también con Ángeles González-Sinde escribió el
guión de
La suerte dormida y ya en solitario escribió el
guión de
El principio de Arquímedes, dirigida por Gerardo
Herrero en
2004. En 2004 publicó
El lado frío de la almohada novela que trata sobre
la relación entre un diplomático estadounidense destinado en
Madrid e intermediario en un trato con agentes de la
seguridad del Estado de Cuba y su contrapartida Laura Bahía,
joven agente española de origen cubano. En 2005 aparece su
primera y única obra teatral
Coloquio en el libro coral Cuba 2005, en
defensa de la
Revolución Cubana. En 2007 publicó la novela
El padre de Blancanieves también en la
editorial Anagrama. En 2009 aparece
Deseo de ser punk, una novela donde retrata, con la
música rock, que adquiere un rol protagonista en la
historia, como telón de fondo, el inconformismo de la
adolescencia a partir de la voz de Martina, una joven de 16
años. |