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Resumen:
Un Boeing 777 aterriza en el aeropuerto JFK de Nueva York en
un vuelo desde Berlín. De repente, todas sus luces se apagan
y se corta el contacto con el exterior. Entonces una brecha
negra aparece en el fuselaje: es una puerta que se abre
desde dentro con una lentitud glacial… pero en el interior
del avión sólo hay cuatro supervivientes de todo el pasaje,
cuatro personas que necesitan sangre humana para sobrevivir.
Siempre han estado aquí. Vampiros. Anidando y alimentándose.
En secreto y oscuridad. A la espera. Ahora ha llegado su
momento. En una semana, Manhattan habrá desaparecido. En
tres meses, todo el país. En seis meses, el mundo entero.
Eldritch Palmer será el encargado de intentar contener la
infección vampírica -al parecer el vampirismo es una especie
de virus- que puede contagiar a la población. Mientras tanto
se acerca el primer eclipse total de luna en más de 400
años, cosa que al parecer tiene que ver con la presencia de
una misteriosa criatura llamada El Maestro, vampiro antiguo
y malvado del que sólo una persona, Abraham Setrakian,
superviviente del Holocausto Nazi y del propio Maestro,
conoce su verdadera identidad.
Análisis: Rollo vampírico al estilo de una película
gore que recuerda a una de zombis. Se trata de la enésima
novela de vampiros tratando de reinventar el género sin
conseguirlo. Con virus de por medio estilo Resident Evil, y
que promete, si no descubrir nada nuevo, al menos tratar de
no aburrir soporiferamente, pero no lo acaba de conseguir.
El comienzo narrando la leyenda a un niño que come sopa por
parte de su abuela se enraíza en las lejanas tradiciones,
llenas de leyendas, de seres mágicos… de vampiros. Esta
referencia a una mitología antigua, a una literatura que
después ha proliferado con estos mitos se vislumbra a lo
largo del libro. Es el anciano Abraham, con su triste pasado
en un campo de exterminio donde conoció la crueldad del
hombre y también la del vampiro, quien nos lleva a pasados
lejanos y oscuros. Nos recuerda un poco al doctor Van
Helsing del gran Bram Stoker.
Una vez narrado el cuento el paso del tiempo da lugar a la
situación actual y al avión que ha sufrido algo que no se es
capaz de entender. Ésta parte quizá sea la más lenta de
todas, está llena de siglas, de explicaciones, de elementos
a veces innecesarios para darnos a entender el complejo
entramado burocrático, pero que el restan agilidad al
lector.
Cuando Ephraim se da cuenta de qué es lo que pasa, y decide
ayudar a Abraham en su labor la aventura domina y se
convierte en una mera carrera matando vampiros y huyendo
para que no te maten. Vamos, como cualquier película gore
que se precie. El mal ha decido conquistar el mundo y no
parará hasta lograrlo. ¡Uhhhh, qué miedo!
Nocturna no es un libro cerrado, como buena trilogía deja
muchas puertas abiertas. Pero ciertamente, no leeremos
ninguna más. Ya nos hemos aburrido y extenuados
suficientemente con esta.
Guillermo del Toro Gómez
(Guadalajara, Jalisco; 9 de octubre de 1964) es un
director de cine mexicano. Del Toro empezó a filmar en
Panamá desde adolescente, cuando estaba en el Instituto
de Ciencias, en la Ciudad de Guadalajara. Pasó diez años
en diseño de maquillaje y formó su propia compañía
Necropia antes de poder ser el productor ejecutivo de su
primer filme a los 21 años. Fue co-fundador del Festival
de cine de Guadalajara y creó la compañía de producción
Tequila Gang. En 1998 su padre fue secuestrado en
México; tras conseguir su liberación mediante el pago de
un rescate, Del Toro decidió mudarse al extranjero y
actualmente vive en Los Ángeles, EE. UU. Ha dirigido una
amplia variedad de películas, desde adaptaciones de
cómics (como Hellboy y Blade II), hasta películas de
terror y fantasía histórica, dos de las cuales se sitúan
en España en la época de la Guerra Civil Española y el
periodo inmediatamente posterior al régimen dictatorial
del General Francisco Franco. Estas películas, El
espinazo del diablo, El laberinto del fauno, y El
orfanato (de la que solamente es productor) son sus tres
trabajos más aclamados por la crítica. También comparten
aspectos similares: protagonistas (niños pequeños), y
temática (como la relación terror/fantasía y el vivir
bajo el yugo de un régimen fascista o dictatorial).
Guillermo del Toro se caracteriza por imprimir una
estética y ambientación espectaculares a sus películas,
creando ambientes tétricos y agobiantes o situaciones
mágicas y fantásticas. Su estilo está marcado por su
gusto por la biología y por la escuela de arte
simbolista, su fascinación por el mundo fantástico desde
el punto de vista de los cuentos de hadas y su gusto por
los temas oscuros. Sus trabajos incluyen frecuentemente
monstruos y/o seres fantásticos. Del Toro siempre ha
afirmado estar "enamorado de los monstruos. Mi
fascinación hacia ellos es casi antropológica... los
estudio, los disecciono en algunas de mis películas:
quiero saber cómo funcionan, qué aspecto tienen por
dentro y cómo se comportan". También tiene una lista de
otras cosas que le fascinan y que se han convertido en
piezas habituales de sus películas: "tengo una especie
de fetichismo por los insectos, la relojería, la
maquinaria y los engranajes, monstruos, lugares oscuros,
cosas sin nacer..."
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