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Resumen:
Martín de Viloalle asumirá durante su vida las consecuencias
de la única decisión que toma con plena libertad: acompañar
a los jesuitas expulsados de España el 2 de abril de 1767.
Esa y otras circunstancias tragicómicas le llevarán hasta
Roma, los estados alemanes, el reino de Dinamarca, el París
revolucionario y aún más allá. En esos años, será miembro
nada honorable de una sociedad marginal, itinerante,
filosófica, artística o estafadora, dedicada a vagar de
corte en corte para entretener el gusto, el sexo, el
intelecto y, sobre todo, el tedio de la clase superior.
Ilustrados y aventureros: personajes que construyen su
identidad con una máscara permanente hasta alcanzar claves
muy personales sobre el engaño de la condición humana.
Visionarios corruptos quizá, pero visionarios al fin, que
adulando a la nobleza del Antiguo Régimen modelaron las
apariencias de una nueva época. La nuestra.
Análisis: Novela que retrata la Europa política de
segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX. Así
empezamos en la España de Carlos III, en la Roma de los
Estados Vaticanos y su política de familias y papas
corruptos, en los miniestados alemanes y su miedo y envidia
al creciente poder de Prusia, a la Francia revolucionaria y
por fin una huida a América, esa nueva nación. Aburre sin
cesar. La verdad es que es farragosa y no engancha al
lector. Se echa de menos un espinazo argumental más sólido
en el que amarre la arquitectura del lenguaje del autor. De
ahí que, se haga insoportable por momentos y se luche
entre dejar de leerla o saltarse capítulos enteros para ver
si realmente dice o transmite algo que no sea pura
divagación mental teñida de literatura.
La historia nos sitúa en el siglo XVIII en la persona de
Martín de Viloalle, hijo menor de un noble gallego y
destinado desde la cuna a entrar en la Compañía de Jesús. De
carácter introvertido y esquivo, Martín desarrolla una manía
por la pintura que se convierte en venganza, mediante la
caricatura, de la humillación y el desdén que le provoca su
entorno. La expulsión de los jesuitas de España le
sorprenderá siendo novicio, y tomará la inexplicable
decisión de seguirles en el exilio. Esta será la primera de
sus muchas partidas y varias afiliaciones, que le llevarán a
vivir una vida precaria y transitoria de la Roma papal a los
principados alemanes hasta abocar en el París de la
Revolución.
Como novela histórica, Lo que sé de los vampiros es
atípica. Hay un mínimo de descripciones, tanto de ambientes
como de acontecimientos históricos o de personajes ligados a
ellos. Quién espere encontrar una reconstrucción minuciosa
de una época quedará decepcionado desde el primer momento.
El siglo XVIII por el que se mueve Martín es más una
reconstrucción ideológica que historiográfica, un mundo de
ideas por encima del de los hombres, lo que imprime una
sensación de vaguedad a las coordenadas espacio-temporales.
Un marasmo de tiempos y lugares que es reflejo de la propia
existencia de Martín, dominada por la indeterminación.
Y es que se puede decir que en la novela, en rigor, no pasa
nada. Martín toma una única decisión en su vida, la de
partir con los jesuitas, pero su destino queda sellado a ser
títere de los acontecimientos. Los diversos estados por los
que pasará (caricaturista en Roma, aprendiz de masón en
Alemania, maestro de dibujo en Dinamarca, ilustrador
político en París) son etapas continuadas de una misma
insatisfacción por resolver. Martín es demasiado cobarde
como para ser artista y no ser adulador, pero posee un
anhelo que lo distancia de la vulgaridad del mundo. Su
existencia discurre entre los polos de la mediocridad y el
tedio y los atisbos de sublimidad, hasta que irrumpe la
variable que le hará tomar las riendas de su mundo. Lo que
ocurre, dicho sea de paso, de una manera un tanto
folletinesca. La novela transcurre, por lo tanto, con
parsimonia, y se hace lenta e insoportable. No la
recomendaríamos ni a nuestros "enemigos".
Francisco Casavella, pseudónimo de
Francisco García Hortelano (Barcelona, 15 de octubre de
1963 - 17 de diciembre de 2008), fue un escritor
español. El autor nunca utilizó su nombre real para
firmar sus obras por la coincidencia de sus apellidos
con los del también novelista Juan García Hortelano.
Francisco Casavella inició su trayectoria literaria a
los 27 años al obtener el Premio Tigre Juan a la mejor
novela inédita con la obra El triunfo (1990), y a ésta
le seguirían Quédate (1993), Un enano español se suicida
en Las Vegas (1997), la novela juvenil El secreto de las
fiestas (1997) y la trilogía El día del Watusi, formada
por "Los juegos feroces" (2002), "Viento y joyas" (2002)
y "El idioma imposible" (2003), un fresco de Barcelona
en el último cuarto del siglo XX, desde el chabolismo
del tardofranquismo hasta las Olimpiadas de 1992 y los
escándalos financieros de los años 90. En 2008 ganó el
Premio Nadal con la última novela que publicó, Lo que sé
de los vampiros, una tragicomedia de corte histórico
ambientada en la Europa del siglo XVIII. Ha sido
traducido a varios idiomas. Fue guionista de la película
Antártida (1995), primera obra del director Manuel
Huerga, y escribió para distintos medios de prensa, como
El País. Dos de sus novelas han sido llevadas a la
pantalla: Volverás (2002, Antonio Chavarrías),
adaptación de Un enano español se suicida en Las Vegas
(con guión del director y el propio autor y nominado ese
mismo año al premio Goya al mejor guión adaptado) y El
triunfo (2006, Mireia Ros). Falleció el 17 de diciembre
de 2008, a consecuencia de un infarto de miocardio, a
los 45 años.
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