IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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Lo que sé de los vampiros

Francisco Casavella

Barcelona, Destino, 2008. 576 páginas

 

Resumen: Martín de Viloalle asumirá durante su vida las consecuencias de la única decisión que toma con plena libertad: acompañar a los jesuitas expulsados de España el 2 de abril de 1767. Esa y otras circunstancias tragicómicas le llevarán hasta Roma, los estados alemanes, el reino de Dinamarca, el París revolucionario y aún más allá. En esos años, será miembro nada honorable de una sociedad marginal, itinerante, filosófica, artística o estafadora, dedicada a vagar de corte en corte para entretener el gusto, el sexo, el intelecto y, sobre todo, el tedio de la clase superior. Ilustrados y aventureros: personajes que construyen su identidad con una máscara permanente hasta alcanzar claves muy personales sobre el engaño de la condición humana. Visionarios corruptos quizá, pero visionarios al fin, que adulando a la nobleza del Antiguo Régimen modelaron las apariencias de una nueva época. La nuestra.


Análisis: Novela que retrata la Europa política de segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX. Así empezamos en la España de Carlos III, en la Roma de los Estados Vaticanos y su política de familias y papas corruptos, en los miniestados alemanes y su miedo y envidia al creciente poder de Prusia, a la Francia revolucionaria y por fin una huida a América, esa nueva nación. Aburre sin cesar. La verdad es que es farragosa y no engancha al lector. Se echa de menos un espinazo argumental más sólido en el que amarre la arquitectura del lenguaje del autor. De ahí que, se haga insoportable por momentos y se luche entre dejar de leerla o saltarse capítulos enteros para ver si realmente dice o transmite algo que no sea pura divagación mental teñida de literatura.

La historia nos sitúa en el siglo XVIII en la persona de Martín de Viloalle, hijo menor de un noble gallego y destinado desde la cuna a entrar en la Compañía de Jesús. De carácter introvertido y esquivo, Martín desarrolla una manía por la pintura que se convierte en venganza, mediante la caricatura, de la humillación y el desdén que le provoca su entorno. La expulsión de los jesuitas de España le sorprenderá siendo novicio, y tomará la inexplicable decisión de seguirles en el exilio. Esta será la primera de sus muchas partidas y varias afiliaciones, que le llevarán a vivir una vida precaria y transitoria de la Roma papal a los principados alemanes hasta abocar en el París de la Revolución.

Como novela histórica, Lo que sé de los vampiros es atípica. Hay un mínimo de descripciones, tanto de ambientes como de acontecimientos históricos o de personajes ligados a ellos. Quién espere encontrar una reconstrucción minuciosa de una época quedará decepcionado desde el primer momento. El siglo XVIII por el que se mueve Martín es más una reconstrucción ideológica que historiográfica, un mundo de ideas por encima del de los hombres, lo que imprime una sensación de vaguedad a las coordenadas espacio-temporales. Un marasmo de tiempos y lugares que es reflejo de la propia existencia de Martín, dominada por la indeterminación.

Y es que se puede decir que en la novela, en rigor, no pasa nada. Martín toma una única decisión en su vida, la de partir con los jesuitas, pero su destino queda sellado a ser títere de los acontecimientos. Los diversos estados por los que pasará (caricaturista en Roma, aprendiz de masón en Alemania, maestro de dibujo en Dinamarca, ilustrador político en París) son etapas continuadas de una misma insatisfacción por resolver. Martín es demasiado cobarde como para ser artista y no ser adulador, pero posee un anhelo que lo distancia de la vulgaridad del mundo. Su existencia discurre entre los polos de la mediocridad y el tedio y los atisbos de sublimidad, hasta que irrumpe la variable que le hará tomar las riendas de su mundo. Lo que ocurre, dicho sea de paso, de una manera un tanto folletinesca. La novela transcurre, por lo tanto, con parsimonia, y se hace lenta e insoportable. No la recomendaríamos ni a nuestros "enemigos".

Francisco Casavella

Francisco Casavella, pseudónimo de Francisco García Hortelano (Barcelona, 15 de octubre de 1963 - 17 de diciembre de 2008), fue un escritor español. El autor nunca utilizó su nombre real para firmar sus obras por la coincidencia de sus apellidos con los del también novelista Juan García Hortelano. Francisco Casavella inició su trayectoria literaria a los 27 años al obtener el Premio Tigre Juan a la mejor novela inédita con la obra El triunfo (1990), y a ésta le seguirían Quédate (1993), Un enano español se suicida en Las Vegas (1997), la novela juvenil El secreto de las fiestas (1997) y la trilogía El día del Watusi, formada por "Los juegos feroces" (2002), "Viento y joyas" (2002) y "El idioma imposible" (2003), un fresco de Barcelona en el último cuarto del siglo XX, desde el chabolismo del tardofranquismo hasta las Olimpiadas de 1992 y los escándalos financieros de los años 90. En 2008 ganó el Premio Nadal con la última novela que publicó, Lo que sé de los vampiros, una tragicomedia de corte histórico ambientada en la Europa del siglo XVIII. Ha sido traducido a varios idiomas. Fue guionista de la película Antártida (1995), primera obra del director Manuel Huerga, y escribió para distintos medios de prensa, como El País. Dos de sus novelas han sido llevadas a la pantalla: Volverás (2002, Antonio Chavarrías), adaptación de Un enano español se suicida en Las Vegas (con guión del director y el propio autor y nominado ese mismo año al premio Goya al mejor guión adaptado) y El triunfo (2006, Mireia Ros). Falleció el 17 de diciembre de 2008, a consecuencia de un infarto de miocardio, a los 45 años.

 

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