IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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La reina en el palacio de las corrientes de aire

Stieg Larsson

Barcelona: Destino, 2009. 854 páginas

 

Resumen: Salander planea su venganza contra el hombre que trató de matarla y contra las instituciones gubernamentales que casi destruyeron su vida. Pero no va a ser una campaña directa. Tras recibir una bala en la cabeza, Salander está bajo una férrea supervisión en Cuidados Intensivos, y se enfrenta a un juicio por tres asesinatos en el momento que le le den el alta. Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachenko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas van a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre. Con la ayuda de Mikael Blomkvist y sus investigadores de la revista Millenium, Salander tendrá no sólo que probar su inocencia, también deberá identificar y denunciar a los políticos corruptos que permitieron a los vulnerables convertirse víctimas de abusos y violencia. Antes una víctima, Salander está lista para devolver los golpes.
 

Análisis: Con el nuevo libro se confirma algo que se intuía en el primer tomo y que para muchos es la gran baza de Millennium: la fuerza de su personaje femenino. "Ella es una mezcla entre Pippi Calzaslargas, una guerrillera africana y el Dalai Lama", dice Kurdo Baksi, uno de los mejores amigos de Larsson, al preguntarle por Lisbeth Salander. "Lisbeth", continúa Kurdo Baksi, "tiene algo de Dalai Lama, porque sin paciencia nunca se gana en la vida; otras veces es una guerrillera, porque es su manera de enfrentarse a las cosas, y es Pippi, porque hay que perder el control y porque Pippi es la demostración de que en el desastre también está la solución".

Larsson poseía el mejor archivo que existe en Suecia sobre racismo y nazismo, sus dos obsesiones. Tenía muchísimo material sobre Italia, España y Alemania. "España era un país muy importante para cualquier izquierdista sueco. No se puede entender la historia de Europa sin conocer bien lo que ocurrió en países como Italia, Alemania y España. Y Larsson guardaba mucha documentación sobre Franco". Stieg Larsson recibía decenas de amenazas de grupos fascistas. Pese a ello, era un activista convencido. Todos los días se sentaba a responder a cada uno de los que le escribían insultándole. "Yo solía decirle que era una pérdida de tiempo. Que no debía hacerlo, que no había que responder a esa gente. Pero él les escribía folios y folios. Durante muchos años también respondía a las cartas que yo recibía insultándome y me decía lo mismo: "Si tú no les respondes lo haré yo e intentaré convencerles".

La tercera entrega de Millennium tiene altura narrativa al combinar con una rara precisión elementos de la intriga policiaca, la novela negra y las tramas de espionaje. La reflexión moral y política disipa cualquier ilusión de banalidad. Larsson no se conforma con producir entretenimiento. Sus personajes no son estereotipos de dudosa credibilidad, sino seres humanos atípicos y marginales, inadaptados que se enfrentan a hombres tan vulgares y estólidos como Eichmann, representantes de esa odiosa normalidad que sólo revela ocasionalmente su naturaleza monstruosa. La personalidad del sueco Stieg Larsson (1955-2004) refleja una absoluta despreocupación por los formalismos sociales, que explica su identificación con los temperamentos iconoclastas. Larsson maltrataba su salud con 60 cigarrillos diarios y comida basura aliñada con vodka, mientras ejercía un periodismo de investigación orientado a denunciar las actividades de la extrema derecha sueca y europea. Un infarto puso fin a una carrera que incluía un ambicioso manuscrito, elaborado en las horas sustraídas al sueño. Millennium es una brillante trilogía que ha trascendido el ámbito de la literatura. Adaptada al cine la primera entrega (Los hombres que no amaban a las mujeres), ya constituye un fenómeno social que recuerda el impacto de El nombre de la rosa (1980).

Larsson se inspiró en Pipi Langstrump para crear a Lisbeth Salander. Aunque es más fácil relacionar a Stieg Larsson con el personaje de Mikael Blomkvist, periodista de mediana edad, tenaz e independiente, con problemas de sobrepeso y aficionado a saltarse todas las reglas para llegar hasta el fondo de un asunto, el malogrado Larsson es Salander. Al igual que la extraña criatura de Astrid Lindgren, Larsson mostró toda su vida un espíritu justiciero que se manifestó en su lucha contra el racismo y la violencia de género.

En La reina en el palacio de las corrientes de aire, Mikael Blomkvist (otro tributo a Lindgren, pues el niño detective que acompañaba a Pipi Langstrump se llamaba Kalle Blomkvist) se enfrenta al terrorismo de Estado. El servicio secreto sueco contrata a antiguos miembros del KGB para vigilar a políticos y sindicalistas, pero pactar con el diablo tiene un precio. Las operaciones especiales convierten al Estado en cómplice de crímenes y desapariciones que escarnecen a los derechos constitucionales. “La Sección” es un pequeño grupo de agentes que realizan su trabajo, apoyándose en la información proporcionada por Zalanchenko, desertor del KGB y padre de Salander. Blomkvist descubrirá su existencia e intentará sentar a sus integrantes en el banquillo de los acusados. Arriesgando su vida, utilizará todos sus recursos para desenmascarar la miseria que se esconde detrás del Estado de Bienestar sueco, la imagen más benévola de un capitalismo basado en el pacto social, pero con el mismo trastero de inmundicias que cualquier país democrático.

No hay que engañarse. Blomkvist no es el centro del relato. Con su cuerpo diminuto y tatuado, su constelación de piercings y sus tendencias neuróticas y antisociales, Salander le roba todo el protagonismo. Mientras Blomkvist rastrea las alcantarillas de la política, Lisbeth se debate con sus propios fantasmas. Hija de un monstruo y hermana del psicópata Ronald Niedermann, su estilo de vida es una objeción permanente contra una sociedad que habla de democracia y derechos humanos, mientras sus servicios secretos recurren a la tortura y las desapariciones forzosas. Salander no es una activista política. Hacker de inagotable ingenio, fumadora sin mala conciencia, anoréxica autocomplaciente, bisexual, promiscua y motera, su rebeldía no tiene otro objeto que impedir a los canallas dormir tranquilos. No sueña con un mundo más justo. Se lo prohíbe su escepticismo. Sólo pretende ajustar cuentas con el pasado y escupir al presente.

Millennium contribuye a rescatar de la marginalidad a los géneros menores. Despreciados por un elitismo que aún discrimina entre “alta cultura” y “cultura de masas”, el relato policiaco, la novela negra, el cómic, las series televisivas, las películas de clase B o Z, el pop-rock o el graffiti no pertenecen a la segunda división del arte. Los clásicos necesitan la perspectiva del tiempo. Al igual que Henning Mankell, Larsson no pretenden reinventar la novela ni explorar los límites del lenguaje. Su única intención es actuar como mero cronista de un presente que nos estrangula. Mankell está más cerca del clasicismo. Larsson es más subversivo. Lisbeth Salander acude a una cita con la justicia con una camiseta de tirantes con las palabras: “I am irritated”. Su agresividad es su forma de marcar su territorio y de expresar su desprecio hacia la sociedad biempensante. Mikael entiende que las tachuelas de su cazadora de cuero reproducen el mecanismo de defensa de un erizo acorralado, que indica con sus púas “No intentes acariciarme. Te dolerá”.

Larsson sitúa al inicio de cada parte una breve historia de las mujeres en el campo de la guerra. Aunque no hay muchos datos, la historia nos habla de amazonas con un pecho amputado para manejar el arco con más eficacia e incluso de un ejército de mujeres que repudiaban el matrimonio por considerarlo una forma de sumisión. La información es poco fiable, pero Salander ya es tan real como Madame Bovary. Eso sí, no es una víctima, sino una depredadora tan dura y amoral como Sam Spade. Sin remordimientos ni fantasías morales, como el alienígena de Ridley Scott y tan desafiante como Lilith, la primera mujer de Adán, que abandonó el Paraíso porque no deseaba ser esclava y sierva del hombre. Aparentemente, Millennium finaliza con La reina en los palacios de las corrientes de aire, pero como Las Mil y Una Noches enlaza la última página con la primera, dibujando un bucle donde el lector queda atrapado, felizmente aturdido por la impresión de que el tiempo ha interrumpido su trayectoria lineal. Los buenos libros nunca acaban.

Stieg Larsson

Stieg Larsson (Suecia, 1954-2004) falleció inesperada y trágicamente de un ataque al corazón, días después de entregar a su editor el tercer volumen de la trilogía Millennium y poco antes de ver publicado el primero.

Periodista y reportero de guerra muy conocido como experto en los grupos de la extrema derecha antidemocrática, participó a mediados de los ochenta en la fundación del proyecto antiviolencia Stop the Racism, al que siguió en 1995 la Expo Foundation, de cuya revista Expo fue director. Luchador plenamente comprometido contra todo tipo de violencia, escribió varios libros de investigación periodística acerca de los grupos nazis de su país y de las oscuras conexiones entre la extrema derecha y el poder político y financiero. Gran lector y entusiasta del género negro y la ciencia ficción, escribía sus novelas por las noches, prácticamente en secreto.

La publicación del primer volumen de la serie Millennium, Los hombres que no amaban a las mujeres, ha supuesto un verdadero fenómeno editorial en Suecia, repetido luego en los países nórdicos, Gran Bretaña, Francia y España, donde se han vendido millones de ejemplares. Lectores de todo el mundo recomiendan una obra que ha generado una extraordinaria adicción y que ha sido saludada como una obra maestra, la novela de la década..

 

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