IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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La dama número trece

Jose Carlos Somoza

2003. Mondadori. Madrid, 454 páginas

La dama número trece

Argumento: Salomón Rulfo, profesor de literatura en paro y gran amante de la poesía, sufre noche tras noche una inquietante y aterradora pesadilla. En sus sueños aparece una casa desconocida, personas extrañas y un triple asesinato sangriento, en el que, además, una mujer le pide ayuda desesperadamente. Por este motivo, Salomón acude a la consulta del doctor Ballesteros, un médico que le ayuda a desentrañar el misterio de los sueños y le acompaña en lo que se convertirá en un caso mucho más terrible y escalofriante que cualquier fantasía: el escenario del crimen es real y la mujer que pide socorro a gritos fue realmente asesinada. En compañía de una joven de pasado enigmático, el doctor y un ex-profesor de la universidad con el que mantiene una relación compleja, Salomón se adentrará en un mundo donde las palabras y la poesía son un arma de gran poder. En ese mundo, habitan las doce damas que controlan nuestro destino desde las sombras... O, ¿son trece brujas?

"Sombras de mujeres inmóviles. Mujeres en hilera frente a ellos, de pie en la inveterada frialdad, de ojos como calcedonias fosforescentes, cabelleras erizadas o lacias encendidas por la luna, piel lustrosa y carnal con brillo de nácar. Doce cuerpos desnudos. Doce figuras femeninas. El aire estaba lleno de un inconfundible olor a sangre, como si sus bocas fueran heridas abiertas".

Novela de terror donde se describe una secta de trece hermanas brujas que desde las sombras dominan al ser humano. Se dedican a inspirar a los poetas para que ellos les entreguen ‘versos de poder’ (filactelias) que son los que les permiten realizar actos de magia asombrosos, como resucitaciones de muertos y tormentos varios. Son tenebrosas, pueden tomar las formas que quieren y se divierten torturando a la gente. En el seno de la secta hay una jerarquía rígida y unas normas que no se pueden violar. También hay disensiones y luchas entre las brujas. La historia del libro trata del derrocamiento de una de ellas y su posterior recuperación del poder.

El planteamiento es bastante interesante: las 12 damas tiene cada una de ellas una capacidad diferente, y la que da título a la novela las cohesiona a todas; sin embargo, nadie la nombra, ni se le puede mencionar. Las damas van ocupando diferentes cuerpos, y pueden morir; también pueden abandonar el cuerpo en el que habitan e ir a otro. Y controlan el mundo a través de la palabra, de los poemas. De hecho, para ellos los poetas, a los que inspiran, son meros combinadores de palabras usados para localizar "versos de poder", que, dichas de una forma determinada, pueden conseguir cosas.

La poesía es el leit motiv de la misma, y hay continuas referencias a poemas y poetas. Dámaso Alonso, en particular, tiene un papel destacado; también Pemán, en plan despectivo. El número 13 hace referencia a la longitud del soneto: el número 0 haría referencia a la primera línea, y se refería a la humanidad, los ajenos, el último verso del soneto sería, efectivamente, la dama número 13. Metáfora del poder de las palabras.

Argumento y tema no demasiado explotados en la narrativa en lengua española. Novela de terror donde se describe una secta de trece hermanas brujas que desde las sombras dominan al ser humano. Se dedican a inspirar a los poetas para que ellos les entreguen ‘versos de poder’ (filactelias) que son los que les permiten realizar actos de magia asombrosos, como resucitaciones de muertos y tormentos varios. Son tenebrosas, pueden tomar las formas que quieren y se divierten torturando a la gente. En el seno de la secta hay una jerarquía rígida y unas normas que no se pueden violar. También hay disensiones y luchas entre las brujas. La historia del libro trata del derrocamiento de una de ellas y su posterior recuperación del poder.

Resulta obligada la mención al imaginativo (y demencial) uso que se hace de la poesía, el artificio fantástico de La dama número 13, fruto de una interpretación brillante y llena de significado metafórico (el poder de la palabra para cambiar el mundo y dominar al ser humano), que además trasciende su realidad habitual y se abre a un horror inconmensurable. El poder de convicción de Somoza es tal que se abre las puertas a esa posibilidad, redondeando todavía más la sensación inmersiva a la que antes hacía alusión.

Hay elementos novedosos y acertados como el uso de los versos de poder, o la naturaleza de las brujas, cuyo origen, sin embargo no se explica, las imagos o almas de ellas, que se pueden anular o activar, etc... Se lee fácil, en unas pocas horas y de un tirón. El número de páginas engaña mucho. El libro es más corto de lo que aparenta, debido a la extensión de los diálogos y a la fluidez y rapidez de la narración. No abruma con ‘documentación’, se centra en la historia y en la creación de la fantasía, y nombra datos históricos en contadas ocasiones y brevemente. Algunas sorpresas inesperadas, como cuando se descubre que el ‘contenedor’ de la Dama Número Trece es el propio protagonista o se desvela el verdadero plan que subyace. El libro no permite anticipar el final, lo cual es un mérito.

A los afectos a este tipo de literatura de género le serán gratas ciertas escenas escalofriantes, que en espíritus sensibles, podrían causar miedo. Buena atmósfera de terror, irrealidad y magia, sin recurrir a tópicos demasiado manidos. Recuerda en algunos puntos al ciclo de películas de Darío Argento sobre las ‘Tres Madres’, la Mater Lachrimarium, Mater Tenebrarum y la Mater Suspiriorum, que desde sus tres casas tratan de imponer el Mal y guardan las puertas del Infierno. La ambientación y onirismo del libro también tienen cierta relación con estas películas entrañables de serie B terrorírica. (Ver películas ‘Suspiria’ e ‘Inferno’) Yo lo veo como una especie de homenaje. Creación de una nueva mitología propia del autor basada en datos históricos y literarios. Destacaría el personaje de Raquel, cuya evolución y descripción resulta original. Es, sin duda, el mejor personaje, en lo tocante a interés y desarrollo.

Prosa demasiado esquelética, aunque precisa (adecuada al contexto y eficaz) y correcta (no se aprecian errores ni gazapos, cosa rara. Últimamente, abundan los textos mal corregidos en libros publicados). En algunos tramos explicativa y fácil; en otros grandilocuente. Apenas hay descripciones. Los personajes son demasiado esquemáticos en especial los secundarios. No se profundiza en ellos. Quizás esta es la parte más débil de la novela. Las relaciones entre personajes tampoco están muy bien desarrolladas, aunque se podría achacar al hecho de que se trata de una historia de género, donde importa más la intriga que los personajes. El inicio es un poco confuso y en exceso rápido. El argumento es a veces enrevesado, pero no siempre, si uno hace un esfuerzo. Al principio te da la impresión de que suceden demasiadas casualidades (como cuando el protagonista le cuenta a su ex profesor sus sueños y experiencias en la casa de Lidia Garetti y éste le habla de que algo parecido le ocurrió a su abuelo, que era poeta y le nombra al experto Rauschen que investigó el tema de las doce damas), aunque al final el narrador, con gran picardía hace que todo encaje al justificar que todo fue obra de una de las brujas, que lo preparó todo para que así sucediera. No sé si es apaño del autor o ya estaba previsto de antemano. En todo caso, revela inteligencia por parte del autor y respeto al lector (por desgracia, abundan libros que dejan cabos sueltos e incoherencias en la trama, que siempre resultan desagradables de leer). Como siempre, tiene pequeños elementos que no terminan de funcionar, caso de algún que otro comportamiento poco creíble, aunque explicado, demasiado deus ex machina. Y un forzado final que desentona con el rumbo que llevaban las últimas páginas.

En resumen: Buena y efectiva novela de género terrorífico y fantástico con reminiscencias de cierto tipo de cine de serie B, ágilmente narrada, imaginativa, con sorpresas y detalles curiosos, cuyos puntos débiles son los personajes y una prosa quizás en exceso impersonal. Con un poco más de empaque y contenido podría haber sido una gran novela, no sólo de género (que ya lo es) sino también de literatura mainstream. Un soplo de aire fresco en el panorama anquilosado, costumbrista y vulgar de la literatura española.

Jose Carlos Somoza

José Carlos Somoza es autor de un elenco de obras estimables, la mayoría galardonadas en los principales certámenes literarios del país: Café Gijón, La Sonrisa Vertical, Fernando Lara, Miguel de Cervantes de teatro, Margarita Xirgu de teatro radiofónico, finalista del Nadal, etc.

Su manejo del lenguaje es excepcional; no sólo emplea la palabra más adecuada a contexto (el famoso dardo en la palabra), sino que busca el término exacto que describe un concepto complejo. Sus descripciones y metáforas son elegantemente poéticas, ingeniosas, bellas. Su prosa elevada pero accesible. Su sentido del ritmo magistral. Tratándose de una investigación de tintes fantásticos, uno de los elementos que mejor se ha cuidado es el clima: los momentos de angustia y tensión son constantes, hitchcockianos, en escenas como el sueño revelador, la entrada a la mansión o el descubrimiento del imago, por citar algunos iniciales de entre la multitud de ejemplos; son momentos de ambigüedad que generan nuevos enigmas que impiden la vuelta atrás de los protagonistas. Un recurso muy utilizado para reforzar la afirmación anterior es la introducción de frases (en cursiva) que rompen el discurso lineal en presente, para denotar pensamientos íntimos de los personajes, recuerdos, acontecimientos futuros o intromisión del elemento sobrenatural. Una técnica rica e interesante, que antepone la sugerencia a lo explícito.

Porque ese es otro detalle característico del particular estilo del autor: la economía, que se refleja especialmente en los frecuentes diálogos, prácticamente siempre manejando solo dos personajes. Como lo es el tratamiento de personajes, magníficamente retratados con delicadas pinceladas, sin estridencias, con cariño; personajes que alterna con maestría en base a bruscos cambios de escena, en un nuevo intento por romper la dictadura de la narración lineal.

Al principio te da la impresión de que suceden demasiadas casualidades (como cuando el protagonista le cuenta a su ex profesor sus sueños y experiencias en la casa de Lidia Garetti y éste le habla de que algo parecido le ocurrió a su abuelo, que era poeta y le nombra al experto Rauschen que investigó el tema de las doce damas), aunque al final el narrador, con gran picardía hace que todo encaje al justificar que todo fue obra de una de las brujas, que lo preparó todo para que así sucediera. No sé si es apaño del autor o ya estaba previsto de antemano.

Me enganchó desde el inicio. Fascinante. Aunque a partir de la mitad de la trama baja la tensión y el ritmo se vuelve demasiado lento.  El desarrollo es a veces excesivamente lento, extendiéndose demasiado en lo mecánico, en el ir de un sitio a otro, en las preparaciones para un hecho. También se extiende demasiado en algunas escenas. Pero merece realmente la pena.

 

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