IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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Erec y Enide

Manuel Vázquez Montalván

Barcelona: Debolsillo, 2003. 256 páginas

 

Resumen: Relectura de Erec et Enide, primer roman del ciclo artúrico de Chrétien de Troyes. Nuestro autor analiza tres soledades: la de Julio Matasanz, profesor emérito especialista en literatura medieval; la de su esposa, Madrona, y la de la pareja formada por Myriam y Pedro (éste, ahijado de los dos anteriores). Es una narración hermosa, en la que se mezcla la sensibilidad y la denuncia social, pero cuya lectura queda empobrecida si no se conoce la obra homónima francesa.

Diciembre de uno de estos primeros años del siglo. Tres historias, que transcurren en lugares muy alejados y con diferentes personajes, aunque simultáneamente, durante los dos o tres días previos a la Navidad. En la primera de ellas, el profesor Julio Matasanz, especialista en literatura artúrica, próxima ya su jubilación, recibe el homenaje de sus colegas, algún que otro político y comunidad académica en general, en una remota isla de la ría de Vigo. Coincide con una antigua amante —estos reencuentros han sido el incentivo de muchos congresos de literatura medieval—, y su discurso de agradecimiento versa sobre la historia de Erec y Enide.

En la segunda, narrada también en primera persona, la protagonista es la mujer del anterior, doña Madrona Mistral de Pamies, perfecta representante de lo más granado del pijerío barcelonés (perdón: la burguesía barcelonesa ). A la buena mujer, inmersa en los preparativos de las fiestas navideñas, le surge una complicación en forma de llamada de auxilio de una compañera de fatigas, aunque solamente en el sentido literal: sufren en el mismo gimnasio. Dicha mujer, ultrajada por su marido, suplica la intervención de Madrona, ya que el interfecto trabaja en una empresa de la augusta familia.

La tercera historia, en tercera persona, sucede en un lugar bastante más exótico y peligroso: las selvas de Guatemala. Pedro, hijo adoptivo de los anteriores y médico voluntario en una ONG, tiene que salir pitando junto con su compañera Myriam tras la invasión, por una banda de paramilitares, del pueblo donde trabajaban. La huida por la selva es un calco de las peripecias de Erec y Enide por los bosques de Bretaña, apareciendo personajes como el doctor Limours y el Pequeño Rey Gabriel, con idénticos roles que en el poema de Chrétien de Troyes.

Las tres historias y sus personajes acaban confluyendo, aunque no diré en qué circunstancias para no reventar el argumento del todo. Sólo diré que terminan en un lugar llamado La Alegría de la Corte, al igual que en la saga artúrica.

Es destacable como siempre el dominio del lenguaje de que hace gala Vázquez Montalbán, capaz de hablar por boca de un profesor pedante y de una dama de alcurnia, manteniendo un estilo sencillo cuando recupera el papel de narrador. Erec y Enide no es una novela larga, y la peripecia es lo bastante interesante para que se lea en un suspiro, pero no está falta de enjundia.

Tenemos al personaje principal, que no es otro que el profesor Matasanz, hábil trepa en los mundillos académico y político, muy pagado de sí mismo, pero un verdadero zoquete en la relación con su familia. Eso sí, pegó un buen braguetazo. La señora Madrona, a priori arquetipo de personaje repelente, consigue despertar las simpatías del lector, aunque sólo sea con el tramposo razonamiento de "ella no tiene la culpa de ser así". A mi juicio, se trata de un personaje poco interesante, al que el autor ha concedido un peso desproporcionado en la novela. ¿Una especie de Reina Ginebra organizando los fastos de la corte de Camelot?

Finalmente, los paralelismos de Pedro y Myriam con los Erec y Enide medievales son a mi juicio el motivo central, y el gran hallazgo de esta novela: la constatación de que, en pleno siglo XXI y por muy realista que sea una novela, podemos encontrar enanos buenos y malos, condes malvados, caballeros andantes...

En Erec y Enide no se busca el Santo Grial, no hay hechizos de Morgana, pero sí hay cabida para salteadores de caminos, enanos y reyezuelos, personajillos habituales en el genéro artúrico.En Erec y Enide de Montalbán, los villanos de turno aparecerán en la selva centroamericana bajo la forma de paramilitares y caciques. Y es que los verdaderos Erec y Enide, de la historia que cuenta Montalbán, son Pedro, el hijastro del erudito premiado, y su pareja, Myriam, que recorren Guatemala como médicos sin fronteras. «Son los que recuperan la pareja en el día a día, como en la historia medieval», reconoce Montalbán.

El viejo erudito, experto en Erec y Enide, no sólo no reconoce a su «progenie» como la actualización de aquellos héroes de leyenda, sino que cree que su hijastro ha echado a perder su carrera de médico al ir a cuidar a los enfermos del Tercer Mundo. Julio Matasanz ha empezado a tomar Viagra y antes de recibir el premio en Galicia se reencuentra con «su amante de siempre», otra experta en lo artúrico. Mientras, su mujer está en Barcelona con los preparativos para juntar a la familia en Navidad.

«Julio Matasanz es el pensamiento del canon dominante hoy. Es un egocéntrico, su filosofía es la misma de mucha gente con ambición de poder», retrata Vázquez Montalbán a su personaje. «No ha cuidado nunca la pareja día a día».

"Erec y Enide es la adaptación en clave política -y vital- de una leyenda artúrica con que el autor quiere demostrar, entre otros convencimientos, el posible uso mestizo-popular de un texto medieval y, por tanto, en apariencia hermético y o elitista; una novela desesperanzada y esperanzadora al mismo tiempo; una novela de mujeres fuertes y sabias; una novela muy literaria para revalorizar la literatura y darle, y reconocerle, una capacidad de intervención en la realidad que nos circunda; una novela de compromiso."

Manuel Vázquez Montalván

(Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) Escritor y periodista español. Considerado uno de los más importantes testimonios del final del franquismo y de la transición española, así como una de las voces críticas más respetadas del país, es autor de una vasta obra que incluye los géneros de la crónica periodística, la poesía, el ensayo y la novela.

Todos cuantos reconocen el papel de Vázquez Montalbán dentro de la cultura española coincidieron en que hasta el fin de su vida se obstinó en ser fiel a su Barcelona natal, a la que regaló uno de sus paisajes literarios más densos y reconocibles, con rincones y personajes que hablan el «catalán bastardo» o el castellano mezclado con catalanismos de los barrios bajos; en esto, como en muchas otras cosas, se mantuvo fiel a su origen, porque era hijo ilegítimo de un gallego y exiliado republicano, Evaristo Vázquez, y de Rosa Montalbán, y había nacido el 14 de junio de 1939, poco después del final de la Guerra Civil.

 A mediados de la década de los ochenta entró en el diario El País como columnista. Allí, este trabajador rapidísimo e incansable, de curiosidad desbordante, mostró sus dotes de maestro en todos los géneros del periodismo, que había practicado desde los dieciocho años. Sólo que ahora viajaba con soltura y conocía a los intelectuales, escritores y políticos más influyentes.

Además, agregó a las formas tradicionales, que practicaba como nadie -viñeta, sátira, retrato o parodia-, grandes cuadernos de viaje que algunas veces utilizó como material para su obra narrativa (tal es el caso del Quinteto de Buenos Aires), mientras que en otras ocasiones mantuvo la estructura y el tono del reportaje clásico, como el del subcomandante Marcos de la guerrilla zapatista que realizó en Chiapas.

A partir de 1979, tras la obtención del Premio Planeta por Los mares del Sur, pudo «comprar tiempo para la literatura». Las dos últimas décadas de su vida estuvieron marcadas por una voluntaria y ambiciosa transformación de su carrera literaria. Ya no le bastaban la crónica o la novela negra. Ni tampoco la columna periodística. Sus nuevas novelas fueron más arriesgadas, más ambiciosas y más libres. Esta peculiar vertiente fue inaugurada en 1985 con El pianista, una obra en la que puso todo su talento y en la que se pueden leer algunos de los pasajes más conmovedores y verdaderos de la peripecia de la Barcelona de los vencidos.

Y la continuó con Galíndez (1991) o la monumental Autobiografía del general Franco (1992), donde un viejo escritor recibe el encargo de escribir una seudoautobiografía del dictador que aprovecha para ofrecer su voz y su versión de la historia del tirano como contrapunto. Poco tiempo más tarde emprendió otra pesquisa de similar alcance en el Quinteto de Buenos Aires, obra en la que se preguntó por los resortes secretos del régimen argentino responsable de los desaparecidos entre 1976 y 1983.

Estos fueron unos años de producción febril. Por ejemplo, en 1994 publicó Roldán, ni vivo ni muerto; El estrangulador; Panfleto desde el planeta de los simios, y Pasionaria y los siete enanitos, además de anunciar una nueva novela de la serie policíaca protagonizada por Pepe Carvalho, El premio, que aparecería en 1995.

Todo hacía suponer que mantendría los cauces conocidos de sus distintas líneas literarias. Pero en 2002, la novela Erec y Enide marcó un cambio radical en su concepción del género. Por primera vez, la fórmula más conocida de sus relatos, que incluía el devenir individual de personajes imaginarios y reales en un cuidadoso cañamazo histórico y social, fue sustituida por un relato de honda belleza nostálgica, en el que utilizó un motivo perteneciente al ciclo artúrico para componer un mosaico de voces actuales que reflexionan sobre los vínculos amorosos: en Erec y Enide se enlazan los temas de la decadencia de la edad, el amor y la responsabilidad de manera mucho más intimista y lírica que la habitual en Vázquez Montalbán.

Murió a consecuencia de un infarto masivo en el aeropuerto de Bangkok (Tailandia), en la medianoche del 17 de octubre de 2003.

 

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