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Resumen:
Relectura de Erec et Enide, primer roman del ciclo artúrico
de Chrétien de Troyes. Nuestro autor analiza tres soledades:
la de Julio Matasanz, profesor emérito especialista en
literatura medieval; la de su esposa, Madrona, y la de la
pareja formada por Myriam y Pedro (éste, ahijado de los dos
anteriores). Es una narración hermosa, en la que se mezcla
la sensibilidad y la denuncia social, pero cuya lectura
queda empobrecida si no se conoce la obra homónima francesa.
Diciembre de uno de estos primeros años
del siglo. Tres historias, que transcurren en lugares muy
alejados y con diferentes personajes, aunque
simultáneamente, durante los dos o tres días previos a la
Navidad. En la primera de ellas, el profesor Julio Matasanz,
especialista en literatura artúrica, próxima ya su
jubilación, recibe el homenaje de sus colegas, algún que
otro político y comunidad académica en general, en una
remota isla de la ría de Vigo. Coincide con una antigua
amante —estos reencuentros han sido el incentivo de muchos
congresos de literatura medieval—, y su discurso de
agradecimiento versa sobre la historia de Erec y Enide.
En la segunda, narrada también en primera
persona, la protagonista es la mujer del anterior, doña
Madrona Mistral de Pamies, perfecta representante de lo más
granado del pijerío barcelonés (perdón: la burguesía
barcelonesa ). A la buena mujer, inmersa en los preparativos
de las fiestas navideñas, le surge una complicación en forma
de llamada de auxilio de una compañera de fatigas, aunque
solamente en el sentido literal: sufren en el mismo
gimnasio. Dicha mujer, ultrajada por su marido, suplica la
intervención de Madrona, ya que el interfecto trabaja en una
empresa de la augusta familia.
La tercera historia, en tercera persona,
sucede en un lugar bastante más exótico y peligroso: las
selvas de Guatemala. Pedro, hijo adoptivo de los anteriores
y médico voluntario en una ONG, tiene que salir pitando
junto con su compañera Myriam tras la invasión, por una
banda de paramilitares, del pueblo donde trabajaban. La
huida por la selva es un calco de las peripecias de Erec y
Enide por los bosques de Bretaña, apareciendo personajes
como el doctor Limours y el Pequeño Rey Gabriel, con
idénticos roles que en el poema de Chrétien de Troyes.
Las tres historias y sus personajes
acaban confluyendo, aunque no diré en qué circunstancias
para no reventar el argumento del todo. Sólo diré que
terminan en un lugar llamado La Alegría de la Corte, al
igual que en la saga artúrica.
Es destacable como siempre el dominio del
lenguaje de que hace gala Vázquez Montalbán, capaz de hablar
por boca de un profesor pedante y de una dama de alcurnia,
manteniendo un estilo sencillo cuando recupera el papel de
narrador. Erec y Enide no es una novela larga, y la
peripecia es lo bastante interesante para que se lea en un
suspiro, pero no está falta de enjundia.
Tenemos al personaje principal, que no es
otro que el profesor Matasanz, hábil trepa en los mundillos
académico y político, muy pagado de sí mismo, pero un
verdadero zoquete en la relación con su familia. Eso sí,
pegó un buen braguetazo. La señora Madrona, a priori
arquetipo de personaje repelente, consigue despertar las
simpatías del lector, aunque sólo sea con el tramposo
razonamiento de "ella no tiene la culpa de ser así". A mi
juicio, se trata de un personaje poco interesante, al que el
autor ha concedido un peso desproporcionado en la novela.
¿Una especie de Reina Ginebra organizando los fastos de la
corte de Camelot?
Finalmente, los paralelismos de Pedro y
Myriam con los Erec y Enide medievales son a mi juicio el
motivo central, y el gran hallazgo de esta novela: la
constatación de que, en pleno siglo XXI y por muy realista
que sea una novela, podemos encontrar enanos buenos y malos,
condes malvados, caballeros andantes...
En Erec y Enide no se busca el Santo
Grial, no hay hechizos de Morgana, pero sí hay cabida para
salteadores de caminos, enanos y reyezuelos, personajillos
habituales en el genéro artúrico.En Erec y Enide de
Montalbán, los villanos de turno aparecerán en la selva
centroamericana bajo la forma de paramilitares y caciques. Y
es que los verdaderos Erec y Enide, de la historia que
cuenta Montalbán, son Pedro, el hijastro del erudito
premiado, y su pareja, Myriam, que recorren Guatemala como
médicos sin fronteras. «Son los que recuperan la pareja en
el día a día, como en la historia medieval», reconoce
Montalbán.
El viejo erudito, experto en Erec y Enide,
no sólo no reconoce a su «progenie» como la actualización de
aquellos héroes de leyenda, sino que cree que su hijastro ha
echado a perder su carrera de médico al ir a cuidar a los
enfermos del Tercer Mundo. Julio Matasanz ha empezado a
tomar Viagra y antes de recibir el premio en Galicia se
reencuentra con «su amante de siempre», otra experta en lo
artúrico. Mientras, su mujer está en Barcelona con los
preparativos para juntar a la familia en Navidad.
«Julio Matasanz es el pensamiento del
canon dominante hoy. Es un egocéntrico, su filosofía es la
misma de mucha gente con ambición de poder», retrata Vázquez
Montalbán a su personaje. «No ha cuidado nunca la pareja día
a día».
"Erec y Enide es la adaptación en
clave política -y vital- de una leyenda artúrica con que el
autor quiere demostrar, entre otros convencimientos, el
posible uso mestizo-popular de un texto medieval y, por
tanto, en apariencia hermético y o elitista; una novela
desesperanzada y esperanzadora al mismo tiempo; una novela
de mujeres fuertes y sabias; una novela muy literaria para
revalorizar la literatura y darle, y reconocerle, una
capacidad de intervención en la realidad que nos circunda;
una novela de compromiso."
(Barcelona, 1939 -
Bangkok, 2003) Escritor y periodista español.
Considerado uno de los más importantes testimonios del
final del franquismo y de la transición española, así
como una de las voces críticas más respetadas del país,
es autor de una vasta obra que incluye los géneros de la
crónica periodística, la poesía, el ensayo y la novela.
Todos cuantos reconocen
el papel de Vázquez Montalbán dentro de la cultura
española coincidieron en que hasta el fin de su vida se
obstinó en ser fiel a su Barcelona natal, a la que
regaló uno de sus paisajes literarios más densos y
reconocibles, con rincones y personajes que hablan el
«catalán bastardo» o el castellano mezclado con
catalanismos de los barrios bajos; en esto, como en
muchas otras cosas, se mantuvo fiel a su origen, porque
era hijo ilegítimo de un gallego y exiliado republicano,
Evaristo Vázquez, y de Rosa Montalbán, y había nacido el
14 de junio de 1939, poco después del final de la Guerra
Civil.
A mediados de la
década de los ochenta entró en el diario El País como
columnista. Allí, este trabajador rapidísimo e
incansable, de curiosidad desbordante, mostró sus dotes
de maestro en todos los géneros del periodismo, que
había practicado desde los dieciocho años. Sólo que
ahora viajaba con soltura y conocía a los intelectuales,
escritores y políticos más influyentes.
Además, agregó a las formas tradicionales, que
practicaba como nadie -viñeta, sátira, retrato o
parodia-, grandes cuadernos de viaje que algunas veces
utilizó como material para su obra narrativa (tal es el
caso del Quinteto de Buenos Aires), mientras que en
otras ocasiones mantuvo la estructura y el tono del
reportaje clásico, como el del subcomandante Marcos de
la guerrilla zapatista que realizó en Chiapas.
A partir de 1979, tras la obtención del Premio Planeta
por Los mares del Sur, pudo «comprar tiempo para la
literatura». Las dos últimas décadas de su vida
estuvieron marcadas por una voluntaria y ambiciosa
transformación de su carrera literaria. Ya no le
bastaban la crónica o la novela negra. Ni tampoco la
columna periodística. Sus nuevas novelas fueron más
arriesgadas, más ambiciosas y más libres. Esta peculiar
vertiente fue inaugurada en 1985 con El pianista, una
obra en la que puso todo su talento y en la que se
pueden leer algunos de los pasajes más conmovedores y
verdaderos de la peripecia de la Barcelona de los
vencidos.
Y la continuó con Galíndez (1991) o la monumental
Autobiografía del general Franco (1992), donde un viejo
escritor recibe el encargo de escribir una
seudoautobiografía del dictador que aprovecha para
ofrecer su voz y su versión de la historia del tirano
como contrapunto. Poco tiempo más tarde emprendió otra
pesquisa de similar alcance en el Quinteto de Buenos
Aires, obra en la que se preguntó por los resortes
secretos del régimen argentino responsable de los
desaparecidos entre 1976 y 1983.
Estos fueron unos años de producción febril. Por
ejemplo, en 1994 publicó Roldán, ni vivo ni muerto; El
estrangulador; Panfleto desde el planeta de los simios,
y Pasionaria y los siete enanitos, además de anunciar
una nueva novela de la serie policíaca protagonizada por
Pepe Carvalho, El premio, que aparecería en 1995.
Todo hacía suponer que mantendría los cauces conocidos
de sus distintas líneas literarias. Pero en 2002, la
novela Erec y Enide marcó un cambio radical en su
concepción del género. Por primera vez, la fórmula más
conocida de sus relatos, que incluía el devenir
individual de personajes imaginarios y reales en un
cuidadoso cañamazo histórico y social, fue sustituida
por un relato de honda belleza nostálgica, en el que
utilizó un motivo perteneciente al ciclo artúrico para
componer un mosaico de voces actuales que reflexionan
sobre los vínculos amorosos: en Erec y Enide se enlazan
los temas de la decadencia de la edad, el amor y la
responsabilidad de manera mucho más intimista y lírica
que la habitual en Vázquez Montalbán.
Murió a consecuencia de
un infarto masivo en el aeropuerto de Bangkok
(Tailandia), en la medianoche del 17 de octubre de 2003.
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