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Resumen:
Escocia, unos días antes de Navidad. Toni (Antonia), jefa de
seguridad de unos laboratorios de investigación
farmacéutica, detecta el robo de una droga antiviral en fase
de experimentación: es muy peligrosa, un virus letal.
Rápidamente hace saltar las alarmas, logra encontrar al
ladrón (un empleado, que ha muerto por el virus) y aislar su
casa contaminada. Cuando la noticia llega a los periodistas,
la situación ya está controlada, como les informan en rueda
de prensa ella y Stanley, el propietario del laboratorio.
Algo así no volverá a ocurrir. Pero unos días después...
Toda la familia de Stanley se ha reunido en casa de él para
celebrar la Navidad y les cuenta su relación con Toni.
Stanley es viudo y tiene tres hijos adultos. No aceptan a
Toni; es una amenaza para ellos y no tardan en comenzar a
discutir. A la reunión también ha venido Kit, el hijo
problemático. Todos creen que quiere hacer las paces con su
padre (que se vio obligado a pagarle todas su deudas hace un
tiempo). En realidad, Kit vuelve a tener problemas. Debe
millones a unos gángsteres y estos han decidido cobrárselos
de otra manera: quieren el virus.
Análisis: Leyendo la contraportada parece que la
novela va del robo y posible liberación de un virus mortal
capaz de cargarse a la humanidad. En realidad, es apenas una
excusa para hablar del tema de siempre: la familia. Así,
tenemos a una protagonista que a sus 38 años es jefa de
seguridad de la empresa que trastea con los virus, a la par
bella y eficiente en su trabajo, que está enamorada de su
jefe, Stanley, un viudo de 62 años, que se encuentra con un
hueco en la seguridad que ha permitido a uno de los
empleados llevarse un conejo a su casa porque le daba pena
que experimentasen con él.
La novela consume más de cien páginas en relatar cómo se ha
podido o no sacar al animalito y de paso un virus que
contagia y elimina al infractor, a localizarle y aislar su
casa y a mostrar la difícil relación de Toni con el policía
encargado del caso, nada más y nada menos que su ex, un tipo
rencoroso y vengativo que no duda en dar el chivatazo a la
prensa y caer en la hábil trampa de la protagonista, que
cambia el robo del conejo por el de un hámster de nombre
Fluffy.
Bueno, pues esas páginas no sirven para nada, porque apenas
afectan a la trama real. Esto es, un grupo de ladrones
violentos y poco inteligentes deciden asaltar el Kremlin,
nombrecito por el que se conoce popularmente a la empresa,
con ayuda exterior, para robar… bueno, eso es misterio, ejem.
A estas alturas ya se va presentando a la familia del
sexagenario y sus pequeñas rencillas. Que si una de las
hijas llega a casa con el novio y la hija de éste por la que
se siente atraído el hijo de la otra hermana, que si el tal
Kit, antaño acusado por Toni y despedido de la empresa.
Como era de esperar, la heroína se las tiene que ver con
todo tipo de "originales" problemas: se siente atraída por
un hombre del que podría ser hija y poco dispuesto a
comenzar una nueva relación, su hermana, asustada por la
nieve la obliga a hacerse cargo de su anciana y "despistada"
madre, y cuando se dispone a celebrar unas vacaciones
solitarias lejos de su amado y de los planes que había hecho
con un grupo de amistades, se le ocurre acercarse al
Kremlin, donde al parecer se han estropeado los teléfonos y…
sí, tiene que resolverlo todo ella solita y con todo en
contra, incluido un periodista chismoso y el ex novio
policía que se niega a ayudar.
El autor, que no se molesta mucho en dar personalidad a los
personajes, se limita a penas a dividirlos entre buenos,
pero buenísimos, bellísimos y eficacísimos, y malos
malísimos, torpes, de pocas luces y violentos, para que no
quepan dudas de quienes van a ser premiados o castigados.
La novela a penas puede ser más previsible o incluir mayor
número de tópicos en las casi 500 páginas que incluyen
algunas descripciones, muchos diálogos, escenas alargadas
hasta la exasperación por la cosa de darle emoción, a lo que
contribuye el conocido recurso de saltar de unos a otros
personajes dejándolos siempre en medio de algún problemilla.
La familia Oxenford, por supuesto, olvida sus pequeñas
rencillas para unirse en la lucha por su hogar etc...
Atención al ruborizante epílogo un año después, de un meloso
e idílico que supera a muchas novelas románticas.
Casi mejor no perder el tiempo leyéndola, que hay muchas
novelas mejores por ahí… algunas incluso del mismo Follett.
Ken Follett, hijo de Martin y Veenie,
nació en Cardiff, Gales y vivió allí hasta que su
familia se trasladó a Londres cuando él tenía diez años.
Al prohibirle sus padres, cristianos devotos, ir al cine
y ver la televisión, desarrolló un temprano interés por
la lectura, pero fue un estudiante muy normal hasta que
llegó a la adolescencia. En 1967 ingresó en la
University College of London, donde estudió filosofía y
se implicó en movimientos de izquierdas. Se casó con su
primera esposa, Mary, en 1968.
Tras su graduación, en el otoño de 1970, Follett se
matriculó en un curso de periodismo de tres meses y
consiguió trabajo como reportero en el South Wales Echo
de Cardiff. Después de tres años en Cardiff, volvió a
Londres como reportero para el Evening Standard. Al
encontrar el trabajo poco gratificante, dejó el
periodismo por la edición y se convirtió, al final de
los años 1970, en subdirector de gestión de Libros
Everest. Follett empezó a escribir relatos, al principio
como afición, por las tardes y los fines de semana. El
éxito le vino con la publicación, en 1978, de La Isla de
las Tormentas, que le hizo internacionalmente famoso.
Cada una de las siguientes novelas de Follett también se
han convertido en éxitos de ventas, y un gran número de
ellas han sido adaptadas al cine.
Follett se involucró a finales de los años 70 en las
actividades del Partido Laborista. En el curso de sus
actividades políticas, conoció a Barbara Follett, una
trabajadora del Partido Laborista, que en 1982 se
convirtió en su segunda mujer. Barbara fue elegida
miembro del Parlamento en 1997, representando a
Stevenage, y fue reelegida en 2001. El propio Follett
permanece como un prominente partidario de los
Laboristas y recaudador de fondos.
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