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Resumen:
El libro se inicia con enormes naves extraterrestres
apareciendo de día sobre todas las grandes ciudades de la
Tierra. Los alienígenas, que eventualmente se les llama
superseñores, hacen contacto para anunciar sus intenciones
benignas y su deseo de ayudar a la humanidad. Organizan
sesiones de persona a persona (sin ser cara a cara) entre el
Secretario General de las Naciones Unidas, Rikki Stormgren,
y el líder de los superseñores, Karellen, a través de un
cristal unidireccional para que Stormgren no pueda ver a
Karellen, quien promete a los humanos revelar la apariencia
de su especie en cincuenta años.
Cincuenta años después de su llegada, Karellen y sus
tripulantes superseñores se revelan físicamente a la
humanidad. Su aspecto es el de la tradicional imagen de los
diablos con alas, cuernos y colas. Eran más altos que los
seres humanos, y proporcionalmente más corpulentos. Muy
sensibles a la luz del día, eran capaces de respirar el aire
terrestre por breves periodos de tiempo. La actitud de
Karellen hacia la humanidad estaba dividida entre piedad por
su falta de moral y celos benignos por su habilidad
potencial de trascender el universo físico. La tarea de
Karellen como supervisor de la Tierra es la de una suerte de
partera para que la humanidad pueda dar el salto a su
siguiente nivel evolutivo: un apocalipsis en que los niños
se transfigurarán a través de un tremendo desarrollo de las
facultades psi.
El precio de estatus divino para los niños mutantes sería
perder su identidad individual: no existe pronombre "yo"
para las especies fusionadas. Aunque los superseñores tenían
un coeficiente intelectual significativamente mayor y
estaban más avanzados tecnológicamente que la humanidad,
eran incapaces de dar este salto evolutivo ellos mismos. La
tarea de Karellen había sido restringir las acciones de la
humanidad para crear una sociedad estable de manera que,
cuando de manera natural llegara lo que los superseñores
llaman Breakthrough Total, un tremendo desarrollo de la
percepción extrasensorial y la telequinesis por los niños,
la humanidad no se destruya a sí misma.
Karellen también tenía la intención de aprender del último
humano no mutante cómo esa especie lograba salir del capullo
de la materia transfigurada con la esperanza de que
eventualmente su propia raza pudiera saber lo suficiente
para unirse a la entidad que llamaban supermente. Una vez
que cada niño y niña perdió su alma biológica, dejó la
tiranía de la materia detrás para alcanzar a las estrellas,
y la humanidad ya no existía, Karellen se queda solo con sus
pensamientos. La humanidad es la quinta especie que los
superseñores ayudaron en el proceso de apoteosis.
Análisis: El fin de la infancia es una novela de
ciencia ficción de Arthur C. Clarke. Originalmente publicada
en 1953, luego apareció una versión con un capítulo
modificado en 1990 debido a la naturaleza anacrónica del
capítulo inicial. lo que pareciera en un principio una
invasión se convierte en un misterioso tutelaje cuyo
resultado final será una utopía en la que el ser humano,
exorcizado de y por sus demonios, conocerá sus mejores días.
Finalmente, al igual que en la obra de Theodore Sturgeon Más
que humano, casualmente publicada un año antes (una
constante en el maestro Clarke digna de estudio), serán los
niños quienes protagonicen el siguiente salto evolutivo del
Hombre, aportando de paso una segunda lectura verdaderamente
escalofriante al título de la novela. El triunfo definitivo
del nuevo y todopoderoso flautista hameliniano, registrado
por el último hombre sobre la Tierra, constituye por única
vez un falso final "no feliz" en el que el género humano
consigue las estrellas, aunque a un precio difícil de
digerir para el lector. El viejo orden debe morir para que
el nuevo tome su lugar.
Aunque el desarrollo, ejecutado a través de unos personajes
de escaso interés, no es nada espectacular, sí logra
mantener la atención hasta el final, sostenido
principalmente sobre el impredecible destino de la raza
humana. La conclusión es sin duda lo que convierte a El
fin de la infancia en una pieza interesante de la
ciencia-ficción de todos los tiempos. Imaginativa y sobre
todo tajante, está impregnada de cierto lirismo, pero no
lograr apasionar.
Por encima de los diversos personajes y líneas argumentales
que componen la historia, el verdadero espíritu de la novela
se asienta sobre temas de mayor importancia. Arthur C.
Clarke deja bien claro en esta novela que su bandera es el
ateísmo. Señala con dedo acusador a la religión, la más
común superstición del ser humano, como principal obstáculo
para el avance de la especie, a la vez que propone a la
ciencia como tabla salvadora de la humanidad, la cual no es
más que un anónimo grano de arena sujeto a la
irrevocabilidad de los grandes acontecimientos. Crecer es
algo natural y ajeno a nuestras voluntades: el País de Nunca
Jamás no existe.
Sir Arthur Charles Clarke,
CBE, más conocido como Arthur C. Clarke, fue
un
escritor y
científico
británico. Nació el
16 de diciembre de
1917 en
Minehead (Inglaterra)
y falleció el
19 de marzo de
2008 en
Colombo (Sri
Lanka). Autor de obras de
divulgación científica y de
ciencia ficción, como
El centinela o
Cita con Rama y co-guionista de
2001: Una odisea del espacio.
Su fama mundial se consolidó con sus
intervenciones en la televisión: en la década de los
'60, como comentarista de la CBS de las misiones Apolo;
y en la década de los '80, merced a un par de series de
televisión que realizó.También son conocidas sus famosas
leyes de Clarke, publicadas en su libro de divulgación
científica Perfiles del Futuro (1962). La más popular (y
citada) de ellas es la llamada «Tercera Ley de Clarke»:
Toda tecnología lo suficientemente avanzada es
indistinguible de la magia.
En 1953 Clarke conoció y se casó con Marilyn Mayfield,
una divorciada de 22 años con un niño pequeño. Se
separaron permanentemente a los seis meses, aunque el
divorcio no se formalizó hasta 1964.[1] "El matrimonio
fue incompatible desde el principio", dijo Clarke.[1]
Clarke nunca volvió a casarse pero fue un amigo muy
íntimo de Leslie Ekanayake, quien falleció en 1977. Los
periodistas que preguntaban a Clarke si era gay recibían
como contestación "No, sólo soy algo animado" (gay en
inglés significa también "alegre, jovial").[2] Sin
embargo, Michael Moorcock escribió: «Todos sabían que
era gay. En los años cincuenta yo salía de copas con su
novio».[3]
Desde 1956 y hasta su fallecimiento vivió en la isla de
Sri Lanka (antigua Ceilán), en parte por su interés por
la fotografía y la exploración submarina, en parte por
su fascinación por la cultura india. Se le otorgó el
título de caballero de la Orden del Imperio Británico en
1998.
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