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Resumen:
Christopher es un adolescente que conoce todas las capitales
del mundo, tiene una increíble capacidad matemática y le
gustan las listas y los esquemas y odia el amarillo, el
marrón y Francia. Le gustaría ser astronauta de mayor y
quiere sacarse el bachiller de matemáticas con
sobresaliente.
Una noche encuentra al
perro de la señora Shears atravesado por un horcón y,
espoleado por la intriga y el cariño que siente hacia los
animales, intentará descubrir al autor de este crimen,
emulando a su admirado Sherlock Holmes. Sus pesquisas le
llevarán a descubrir ciertos secretos familiares que harán
tambalear la perfecta estructura en la que había basado su
mundo.
El libro favorito de
Christopher Boone es El perro de los Baskerville, de
Sir Arthur Conan Doyle, porque su detective favorito es
Sherlock Holmes. Y le gusta sobre todo porque Holmes tenía
el poder de abstraer su mente a voluntad, como lo hace
Christopher. "Si una cosa me interesa de verdad, como hacer
ejercicios de matemáticas o leer un libro sobre las misiones
de Apolo, o los tiburones blancos, no me doy cuenta de nada
más, y Padre puede estar llamándome para que vaya a cenar y
no lo oigo." Christopher tiene quince años y padece una
"alteración de la comunicación" que le impide llevar una
vida de la que consideramos normal. Reúne los requisitos
para ser "trastorno de Asperger", patología del
comportamiento y la comunicación que algunos engloban como
un tipo de autismo (en el libro no se nos denomina de
ninguna forma este síndrome que padece el protagonista). Es
el narrador de El curioso incidente del perro a
medianoche. Es un personaje comparable a Ignatius Reilly
(La conjura de los necios), una voz única destinada a
convertirse en un héroe literario gracias al don de la
empatía del autor; está tan cerca de Christopher que logra
el ideal de invisibilidad.
Christopher usa la lógica
deductiva para navegar las complejidades emocionales propias
y las del mundo adulto que no logra comprender. Cada vez que
se enfrenta a un hecho traumático, un descubrimiento que
dispara su investigación hacia terrenos dolorosos, recurre a
los números primos, problemas matemáticos -es un genio en la
materia-, las constelaciones, las fórmulas. Christopher no
comprende las metáforas ni los chistes ni los rostros; no
sabe charlar, odia que lo toquen, gime y se violenta cuando
se encuentra en sitios llenos de gente, detesta que muevan
los muebles, no come nada amarillo ni marrón. Tampoco parece
comprender por qué a la gente le resulta tan complicado
lidiar con él.
La narración se alterna con
dibujos, gráficos y problemas matemáticos, desde el metro de
Londres hasta la constelación de Orión, y todos ellos son
procedentes, en absoluto arbitrarios o caprichosos: el
personaje los necesita para explicarse y explicar el mundo,
y para el lector funcionan como una guía al universo del
adolescente, como mapas de su desamparo. "Gemí para tapar el
ruido porque me había quitado las manos de las orejas, pero
no tan alto como para que la gente me oyera y viniese a
hablar conmigo. Y entonces intenté pensar, porque había
demasiadas otras cosas en mi cabeza, así que hice un
problema de matemáticas para despejarme la cabeza." A
continuación, aparecen los gráficos del problema "Los
soldados de Conway" y son un verdadero alivio para la
angustia de Christopher.
Lo que comienza como un
original policial de enigma se convierte en un drama
familiar muy triste pero nunca sentimental, sin clisés, sin
golpes bajos. Ésta no es una novela sobre el autismo ni
sobre los chicos "diferentes": es una novela sobre las
dificultades de comunicación, las maneras absurdas y a veces
daniñas con que los adultos manejan los conflictos. Pero
Haddon no condena a quienes rodean a Christopher: no hay
ningún villano, sólo personajes que intentan hacer lo mejor
posible, pero con demasiada frecuencia se equivocan.
Mark Haddon nació en Northampton,
Inglaterra, en 1963. Ilustrador, pintor, poeta y
profesor de escritura creativa, es autor de quince
libros infantiles. Tras licenciarse en Literatura
Inglesa en la Universidad de Oxford, trabajó durante un
tiempo con personas con diversidad física y mental. Ha
trabajado asimismo como guionista para la televisión,
medio donde ha ganado dos premios BAFTA. El curioso
incidente del perro a medianoche se ha convertido en
un éxito y ha sido traducido a 35 idiomas.
Los números primos están solos, no
pueden tocarse. Del temor al contacto físico nace otra
forma de sentir. Los sentimientos cambian dentro de cada
corazón. Cada persona es un misterio. Por sentido común
no se puede analizar la realidad. Las matemáticas no se
equivocan nunca. Estas son las claves para entender una
obra que perturba la mente y emociona.
El autor trabajó en su juventud con
niños autistas, y utiliza todo lo aprendido para
desarrollar el personaje principal, un niño apasionado
por la lógica, la física, las matemáticas y, en
definitiva, todo aquello que pueda ser explicado,
demostrado o predecible. En su curiosa concepción del
mundo, Christopher Boone establece determinadas reglas
que le hacen la vida más fácil. Considera que ver pasar
cinco coches rojos seguidos significa un día super
bueno, cuatro coches rojos, un día bueno
y, tres coches rojos, bastante bueno. Pero
cuatro coches amarillos seguidos significan un día
negro, lo que significa que no hablará con nadie
ese día, solo leerá y no correrá riesgos. Éste es sólo
un ejemplo del complejo mundo de Christopher, que
utiliza la lógica deductiva y las fórmulas matemáticas
para afrontar las emociones propias o las del mundo de
los adultos, que no llega a comprender. No miente jamás
porque no entiende las mentiras, al igual que es incapaz
de expresar algo que no haya vivido. No entiende las
metáforas, no come nada que sea marrón o amarillo, no
sabe interpretar las emociones en un rostro, no soporta
que le toquen, ni que se muevan los muebles de sitio, y
gime y grita cuando se encuentra en lugares con mucha
gente.
Es precisamente esto último lo que da
pie a la novela: un día, al levantarse, descubre que el
perro de su vecina ha sido asesinado, así que decide
investigar quién ha podido hacerlo y, animado por su
profesora, escribir los resultados de sus
averiguaciones. Y, siguiendo el hilo narrativo en
primera persona, asistimos a un recorrido por la vida y
la mente de este singular protagonista, vamos conociendo
su relación con su padre y compañeros del colegio, el
abandono de su madre y sus descubrimientos al respecto,
cómo se siente junto a sus vecinos o profesores, ante la
policía, ante los hechos a los que debe enfrentarse a lo
largo del libro. Veremos cómo se enfrenta a situaciones
nuevas para él, acontecimientos que para una persona sin
este problema no suponen nada molesto pero que para
Christopher pueden llegar a ser ciertamente complicadas.
Como no es difícil imaginar, en este
libro se unen varios aspectos que hacen que conectemos
rápidamente con él: está escrito en primera persona,
ahonda mucho en los pensamientos y no sólo en los
hechos, su protagonista es un niño, además con una forma
diferente de relacionarse y comprender el mundo. Así que
no es de extrañar que ya en las primeras líneas nos
metamos en su mente y nos dejemos llevar por sus
sensaciones, que le cojamos cariño casi como si lo
conociésemos personalmente. Así que se muestra como un
libro muy cercano al lector, a lo que también contribuye
que utilice un lenguaje muy sencillo que lo hace ameno y
de fácil lectura.
Resultará además curioso conocer cómo
elabora sus pensamientos y por qué actúa de una forma u
otra alguien con estas especiales características, sobre
todo para aquellos que tengan la idea preconcebida del
niño autista como aquél que no habla, se autolesiona y
poco más. Como curiosidad, sus capítulos no siguen la
numeración de siempre, está "escrito" por Christopher y
a él le encantan los números primos, así que esa es la
numeración que hace.
En definitiva, un libro muy
recomendable por su sencillez, su amenidad, por el tema
que trata y, sobre todo, por su cercanía. Es una de esas
obras que hay que leer. Tal vez no por su calidad
literaria, ni siquiera por la originalidad de su
planteamiento, que la tiene y mucha, sino por todos
aquellos sentimientos que despierta a medida que lo vas
leyendo. Es fácil sentirte identificado con todos
los personajes, sean cuales sean sus acciones y, aunque
algunas te repugnan y otras te enternecen, al mismo
tiempo son todas perfectamente entendibles.
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