IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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El curioso incidente del perro a medianoche

Mark Haddon

Trad. de Patricia Antón. Barcelona, Salamandra, 2004. 272 páginas

 

Resumen: Christopher es un adolescente que conoce todas las capitales del mundo, tiene una increíble capacidad matemática y le gustan las listas y los esquemas y odia el amarillo, el marrón y Francia. Le gustaría ser astronauta de mayor y quiere sacarse el bachiller de matemáticas con sobresaliente.


Una noche encuentra al perro de la señora Shears atravesado por un horcón y, espoleado por la intriga y el cariño que siente hacia los animales, intentará descubrir al autor de este crimen, emulando a su admirado Sherlock Holmes. Sus pesquisas le llevarán a descubrir ciertos secretos familiares que harán tambalear la perfecta estructura en la que había basado su mundo.

El libro favorito de Christopher Boone es El perro de los Baskerville, de Sir Arthur Conan Doyle, porque su detective favorito es Sherlock Holmes. Y le gusta sobre todo porque Holmes tenía el poder de abstraer su mente a voluntad, como lo hace Christopher. "Si una cosa me interesa de verdad, como hacer ejercicios de matemáticas o leer un libro sobre las misiones de Apolo, o los tiburones blancos, no me doy cuenta de nada más, y Padre puede estar llamándome para que vaya a cenar y no lo oigo." Christopher tiene quince años y padece una "alteración de la comunicación" que le impide llevar una vida de la que consideramos normal. Reúne los requisitos para ser "trastorno de Asperger", patología del comportamiento y la comunicación que algunos engloban como un tipo de autismo (en el libro no se nos denomina de ninguna forma este síndrome que padece el protagonista). Es el narrador de El curioso incidente del perro a medianoche. Es un personaje comparable a Ignatius Reilly (La conjura de los necios), una voz única destinada a convertirse en un héroe literario gracias al don de la empatía del autor; está tan cerca de Christopher que logra el ideal de invisibilidad.

Christopher usa la lógica deductiva para navegar las complejidades emocionales propias y las del mundo adulto que no logra comprender. Cada vez que se enfrenta a un hecho traumático, un descubrimiento que dispara su investigación hacia terrenos dolorosos, recurre a los números primos, problemas matemáticos -es un genio en la materia-, las constelaciones, las fórmulas. Christopher no comprende las metáforas ni los chistes ni los rostros; no sabe charlar, odia que lo toquen, gime y se violenta cuando se encuentra en sitios llenos de gente, detesta que muevan los muebles, no come nada amarillo ni marrón. Tampoco parece comprender por qué a la gente le resulta tan complicado lidiar con él.

La narración se alterna con dibujos, gráficos y problemas matemáticos, desde el metro de Londres hasta la constelación de Orión, y todos ellos son procedentes, en absoluto arbitrarios o caprichosos: el personaje los necesita para explicarse y explicar el mundo, y para el lector funcionan como una guía al universo del adolescente, como mapas de su desamparo. "Gemí para tapar el ruido porque me había quitado las manos de las orejas, pero no tan alto como para que la gente me oyera y viniese a hablar conmigo. Y entonces intenté pensar, porque había demasiadas otras cosas en mi cabeza, así que hice un problema de matemáticas para despejarme la cabeza." A continuación, aparecen los gráficos del problema "Los soldados de Conway" y son un verdadero alivio para la angustia de Christopher.

Lo que comienza como un original policial de enigma se convierte en un drama familiar muy triste pero nunca sentimental, sin clisés, sin golpes bajos. Ésta no es una novela sobre el autismo ni sobre los chicos "diferentes": es una novela sobre las dificultades de comunicación, las maneras absurdas y a veces daniñas con que los adultos manejan los conflictos. Pero Haddon no condena a quienes rodean a Christopher: no hay ningún villano, sólo personajes que intentan hacer lo mejor posible, pero con demasiada frecuencia se equivocan.

Mark Haddon

Mark Haddon nació en Northampton, Inglaterra, en 1963. Ilustrador, pintor, poeta y profesor de escritura creativa, es autor de quince libros infantiles. Tras licenciarse en Literatura Inglesa en la Universidad de Oxford, trabajó durante un tiempo con personas con diversidad física y mental. Ha trabajado asimismo como guionista para la televisión, medio donde ha ganado dos premios BAFTA. El curioso incidente del perro a medianoche se ha convertido en un éxito y ha sido traducido a 35 idiomas.

Los números primos están solos, no pueden tocarse. Del temor al contacto físico nace otra forma de sentir. Los sentimientos cambian dentro de cada corazón. Cada persona es un misterio. Por sentido común no se puede analizar la realidad. Las matemáticas no se equivocan nunca. Estas son las claves para entender una obra que perturba la mente y emociona.

El autor trabajó en su juventud con niños autistas, y utiliza todo lo aprendido para desarrollar el personaje principal, un niño apasionado por la lógica, la física, las matemáticas y, en definitiva, todo aquello que pueda ser explicado, demostrado o predecible. En su curiosa concepción del mundo, Christopher Boone establece determinadas reglas que le hacen la vida más fácil. Considera que ver pasar cinco coches rojos seguidos significa un día super bueno, cuatro coches rojos, un día bueno y, tres coches rojos, bastante bueno. Pero cuatro coches amarillos seguidos significan un día negro, lo que significa que no hablará con nadie ese día, solo leerá y no correrá riesgos. Éste es sólo un ejemplo del complejo mundo de Christopher, que utiliza la lógica deductiva y las fórmulas matemáticas para afrontar las emociones propias o las del mundo de los adultos, que no llega a comprender. No miente jamás porque no entiende las mentiras, al igual que es incapaz de expresar algo que no haya vivido. No entiende las metáforas, no come nada que sea marrón o amarillo, no sabe interpretar las emociones en un rostro, no soporta que le toquen, ni que se muevan los muebles de sitio, y gime y grita cuando se encuentra en lugares con mucha gente.

Es precisamente esto último lo que da pie a la novela: un día, al levantarse, descubre que el perro de su vecina ha sido asesinado, así que decide investigar quién ha podido hacerlo y, animado por su profesora, escribir los resultados de sus averiguaciones. Y, siguiendo el hilo narrativo en primera persona, asistimos a un recorrido por la vida y la mente de este singular protagonista, vamos conociendo su relación con su padre y compañeros del colegio, el abandono de su madre y sus descubrimientos al respecto, cómo se siente junto a sus vecinos o profesores, ante la policía, ante los hechos a los que debe enfrentarse a lo largo del libro. Veremos cómo se enfrenta a situaciones nuevas para él, acontecimientos que para una persona sin este problema no suponen nada molesto pero que para Christopher pueden llegar a ser ciertamente complicadas.

Como no es difícil imaginar, en este libro se unen varios aspectos que hacen que conectemos rápidamente con él: está escrito en primera persona, ahonda mucho en los pensamientos y no sólo en los hechos, su protagonista es un niño, además con una forma diferente de relacionarse y comprender el mundo. Así que no es de extrañar que ya en las primeras líneas nos metamos en su mente y nos dejemos llevar por sus sensaciones, que le cojamos cariño casi como si lo conociésemos personalmente. Así que se muestra como un libro muy cercano al lector, a lo que también contribuye que utilice un lenguaje muy sencillo que lo hace ameno y de fácil lectura.

Resultará además curioso conocer cómo elabora sus pensamientos y por qué actúa de una forma u otra alguien con estas especiales características, sobre todo para aquellos que tengan la idea preconcebida del niño autista como aquél que no habla, se autolesiona y poco más. Como curiosidad, sus capítulos no siguen la numeración de siempre, está "escrito" por Christopher y a él le encantan los números primos, así que esa es la numeración que hace. 

En definitiva, un libro muy recomendable por su sencillez, su amenidad, por el tema que trata y, sobre todo, por su cercanía. Es una de esas obras que hay que leer. Tal vez no por su calidad literaria, ni siquiera por la originalidad de su planteamiento, que la tiene y mucha, sino por todos aquellos sentimientos que despierta a medida que lo vas leyendo. Es fácil sentirte identificado con todos los personajes, sean cuales sean sus acciones y, aunque algunas te repugnan y otras te enternecen, al mismo tiempo son todas perfectamente entendibles.

 

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