IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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El chino

Henning Mankell

Barcelona: Tusquets, 2008. 471 páginas

 

Resumen: Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. La juez Brigitta Rosslin, busca en sus antepasados nexos de unión con las víctimas del parricidio Sueco, encontrándolas a través de un diario personal escrito por un explotador de trabajadores, antepasado suyo, en la conquista del oeste de los EUA, a través de la construcción del ferrocarril que uniría las dos costas Americanas. Todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a Estados Unidos a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo XXI, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida. La narración nos adentra en la sociedad China y paralelamente se nos ofrecen reflexiones, a modo de ensayo, sobre el actual estado del partido comunista del país oriental y el debate sobre la trayectoria a emprender, en un mundo globalizado. Recuerda con nostalgia las manifestaciones a favor de la revolución de los campesinos, por parte de estudiantes acomodados europeos, que en la actualidad ocupan puestos de poder y borran de sus currículums sendas manifestaciones sociales. Sin duda "La acción no debe ser una reacción sino una creación" Mao Tse Tung dixit, que es lo que nos aporta este libro, un texto reflexivo inmiscuido en una novela de aparentemente simple entretenimiento.

Análisis: Novela cuyas protagonistas indiscutibles son mujeres. Un análisis muy interesante sobre la actual situación de la china comunista y los dilemas que se le presentan en el tablero mundial. Hay frases que marcan la línea de pensamiento que merece la pena abordar. Algunas sobre temática diversa que van desgranándose a lo largo de la novela, merece la pena recogerlas:

Sobre la coherencia y continuidad de la lucha: "En cualquier caso, envidio a todos aquellos que nunca abandonaron sus ideales o, más bien, la conciencia de cómo es el mundo y por qué. A los que siguen ofreciendo resistencia, pues los hay" (244).

Sobre el modelo occidental de juzgar lo desconocido: "La primera vez que visité China tenía veintinueve años. Entonces, Mao ya no estaba y las cosas empezaban a cambiar. Fue una gran decepción, dura de asimilar. Pekín era una ciudad fría y húmeda. Y los miles de bicicletas que circulaban por la ciudad chirriaban como grillos. Después me di cuenta de que, pese a todo, el país había sufrido una gran transformación. La gente iba vestida y calzada. No vi a nadie en la ciudad que muriese de hambre, ningún mendigo. Recuerdo que sentí vergüenza. Yo, que había llegado en avión de un país rico, no tenía derecho a juzgar el desarrollo con desprecio o con arrogancia" (244).

Sobre el socialismo y la honradez: "La sociedad china se fundó partiendo de la premisa de la honradez individual. El socialismo no puede funcionar y crecer si no hay decencia ciudadana. La gente como tú y como Ya Ru no sólo os corrompéis a vosotros mismos, sino a toda la sociedad" (350).

Sobre el modelo capitalista en China: "...una lucha fundamental, los viejos ideales contra los nuevos, que sólo de forma superficial podían considerarse comunistas, basados en la tradición que creó la República Popular hacía cincuenta y siete años. (...) Hubo un tiempo en que contribuyeron al ocaso del mundo colonial. Los países pobres de África eran libres, pero ¿qué papel podía desempeñar China en el futuro? ¿Lo haría en calidad de amigo o de nuevo colonizador? Si la decisión quedaba en manos de hombres como su hermano, los últimos bastiones firmes de la sociedad china serían arrasados. Una ola de irresponsabilidad capitalista arrastraría consigo cualquier residuo de las instituciones y los ideales construidos sobre la base de la solidaridad y sería casi imposible recuperarlos en mucho tiempo, quizá después de varias generaciones. Para Hong, constituía una verdad incuestionable la idea de que el ser humano, en el fono, era un ser racional; que la solidaridad era en primera instancia sensatez" (359).

Una visión de género sobre el mundo: "De pronto vio a una mujer que se puso de rodillas. Llevaba a un niño atado a la espalda y un rollo de trapo alrededor de la cabeza. Dos hombre que había cerca aunaron sus fuerzas para levantar un saco de cemento y lo colocaron sobre el rollo de trapo. Después la ayudaron a levantarse. Hong la vio avanzar dando tumbos por la carretera. (...) Hong se llevó a la intérprete hasta el otro lado de la carretera, donde los dos hombres, sentados a la sombra, compartían un cigarrillo. -Pregúntales cuánto pesaba el saco que le han puesto a la mujer en la cabeza. -Cincuenta Kilos -respondió la intérprete una vez hubo preguntado. -Es una carga tremenda. Tendrá la espalda destrozada antes de cumplir los treinta. Los hombres se echaron a reír. -Estamos orgullosos de nuestras mujeres. Son muy fuertes (363).

"Mao sabía lo que les esperaba. (...) "Aquellos que crean que no puede crearse un puesto de mandarín en época comunista no han entendido nada", les diría. Y, en efecto, después se vio que tenía razón. Mientras el ser humano no fuese otro, sino que siguiese inspirado por el pasado, siempre habría grupos que buscasen obtener privilegios. (...) Mao los puso sobre aviso del desarrollo de la Unión Soviética. Puesto que China dependía por completo del apoyo del gran vecino occidental, se expresó de forma diplomática y cauta, atenuando sus palabras. -Ni siquiera es necesario que se trate de malas personas, la gente persigue igualmente aquello que puede otorgarles privilegios. Los mandarines no están muertos. Un día, a menos que estemos alerta, se presentarán ante nosotros enarbolando banderas rojas" (388-389).

Sobre la hipocresía y el doble rasero político de occidente: "Por eso se habla y se escribe tanto sobre las ejecuciones chinas. La falta de libertad, de apertura, los derechos humanos, tan defendidos en Occidente, constituyen nuestra arma de ataque contra China. Para mí eso no es más que hipocresía, pues la parte del mundo a la que pertenecemos está llena de países, como Estados Unidos o Rusia, donde se atenta a diario contra los derechos humanos. Además, los chinos saben que queremos hacer negocios con ellos, a cualquier precio. Nos adivinaron las intenciones ya en el siglo XIX, cuando decidimos convertirlos en consumidores de opio para así arrogarnos el derecho de negociar según nuestras condiciones" (414).

Sobre el etnocentrismo europeo: "China no es más misteriosa que cualquier otro país del mundo. Eso de que nuestro país es incomprensible es un mito occidental. Los europeos jamás han aceptado el hecho de no poder comprender cómo pensamos. Ni tampoco que hiciéramos tantos descubrimientos decisivos ni que inventáramos tantas cosas antes que vosotros. La pólvora, la brújula, la imprenta, todo es chino, en su origen. Ni siquiera en el arte de medir el tiempo fuisteis los primeros. Mil años antes de que empezaseis a fabricar relojes mecánicos, nosotros ya teníamos relojes de agua y de cristal. Es algo que jamás podréis perdonarnos. De ahí que nos consideréis incomprensibles y misteriosos" (425).

 

Henning Mankell

Henning Mankell (Estocolmo, 3 de febrero de 1948). Escritor y dramaturgo sueco, reconocido internacionalmente por su serie de novela negra sobre el inspector Wallander. Su personaje más conocido es el inspector de policía Kurt Wallander. Con Wallander, Mankell ha logrado crear un personaje repleto de humanidad y de sensibilidad cotidiana, que lo mismo puede desentrañar la más complicada serie de asesinatos que condolerse de su suerte y pensar que debe jubilarse para dar paso a una sociedad posmoderna que lo avasalla y que parece ya no entender. Además, Mankell es director del Teatro Nacional de Mozambique, así como autor de una serie de libros situados en África, como Comedia infantil y escritos desde la perspectiva de un niño, con una sutileza y magia desbordante a pesar de lo duro de los temas que trata. Está casado con la hija de Ingmar Bergman Mankell fue galardonado en noviembre de 2006 con el Premio Pepe Carvalho, que reconoce a autores de prestigio y trayectoria reconocida en el ámbito de la novela negra.

 

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