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Resumen: La historia trata de
una pareja de ciber enamorados, Sara y Enzo, que se
conocen en un chat room y asumen su relación por medio
de emails y mensajes de teléfonos móvil, con todo lo que
conlleva arriesgarse al engaño en las identidades y
soportar la ansiedad de concretar una cita a ciegas,
pues ninguno a dado al otro su foto, solo lo seduce
mediante la escritura.
Sara no quiere encerrarse en la jaula
de ningún prototipo, quiere amar sin ataduras, sin
convencionalismos, quiere ser lo que es en cada momento
y no lo que debe ser y busca un hombre libre, fuerte,
que sea capaz de aceptar este reto y acompañarla en el
camino. En esta novela el misterio reside en... las
ocultas razones del corazón. El crimen es... dominar el
sentimiento, ir contra la propia emoción, la resistencia
a amar.
El detective es... Sara, una mujer enamorada que
investiga el amor y lucha por hacerlo realidad. El
suspense se mide... entre la inteligencia y el riesgo,
entre la insumisión y la astucia de Sara. El cebo es...
seducir... para que el inquietante Enzo muerda el
anzuelo de la pasión. El peligro es... ser destruido por
la necesidad de caricias, por la nostalgia, por el
deseo. El enigma es... entender al otro y no volverse
loco. El juego es... apostar a ciegas. El clímax es...
la belleza compartida, el bocado exquisito. Y la
solución es... perder. Perder una y otra vez. Perder
hasta hacer de la pérdida un arte. Perder hasta perderlo
todo. Perder hasta quizá... no haber perdido.
Análisis:
Una línea argumental simplicísima dispone Lola Beccaria (Ferrol,
1963) en El arte de perder. Sara, cuarentañera muy culta y
restauradora de objetos artísticos, cree encontrar por medio
de Internet en el empresario Enzo al hombre ideal que
satisfaga sus exigentes y altísimas aspiraciones
sentimentales. Así comienza una enrevesada historia que dura
un año, sólo da lugar a dos encuentros personales y se
jalona con angustiosos silencios y un sinfín de mensajes por
medio de sms y correos electrónicos.
Al monopolizar Sara y Enzo la trama (sólo aparecen unos
pocos fugaces personajes más) resulta una novela de
excluyente intimismo y de extremosa morosidad. Apenas existe
acción externa y todo se reduce al intercambio verbal de la
pareja (lacónico él, prolija ella) y a las explicaciones de
un narrador externo. El planteamiento, en principio, es
oportuno para la meta de la autora porque no busca contar
una patética historia amorosa, aunque la que cuenta lo sea,
y mucho. Beccaria muestra la ambición de la pedantesca Sara,
“ser un alma metafísica, sin ataduras, sin tópicos, libre
para configurar un prototipo único, y nuevo, de mujer”,
referida a las relaciones sentimentales y la sexualidad, y
no a lo profesional o social. La engreída mujer quiere
penetrar en “el castillo interior” y en el “drama oculto” de
los hombres, en su mundo afectivo, para desnudarlos y
“verlos en calzoncillos emocionales”.
Enzo, el sujeto capaz de colmar un proyecto vital que suelda
amor excelso, pasión arrebatadora y sexo licuante, enseguida
la abisma, sin embargo, en enajenantes humillaciones. Sara
convierte el sufrimiento en enredo gozoso que la pone en las
fronteras infernales de la sumisión y la dependencia desde
las cuales da rienda suelta a una sofisticada hermenéutica
de los sentimientos. El lector, aun sin ser perito en
psicopatologías, ve a las pocas páginas una relación
sadomasoquista, pero Sara se empeña en sublimar su
experiencia de persona atrapada por un carácter
pasivo-agresivo (según define a Enzo una psicóloga) en aras
de una mística del amor. Un percance final resuelve el
conflicto de manera inesperada y de forma afirmativa para
los intereses de la autora.
Lo curioso de esta novísima Eva es que de novedad solo tiene
el empleo de las nuevas tecnologías porque repite las
calenturas, los extravagantes juegos, los fingimientos de
esclavitud y el agonismo impostado del amor cortés
cancioneril: al fin y al cabo, se trata de una novela
sentimental epistolar, solo que invierte los viejos papeles
convirtiendo a la diosa inalcanzable y despótica en la
amante felizmente torturada. Incluso en el nivel expresivo
se conserva esa relación: Sara se recrea en mensajes
enfáticos, líricos, llenos de figuras retóricas. En la
novela toda predominan el estilo encumbrado, de preciosista
elaboración (por eso extrañan un “habría la boca” y varias
menudencias más), y el registro culto, sin otra concesión a
la modernidad que el esporádico vulgarismo “polla”.
Una diferencia radical sí hay entre el ayer y el hoy: antaño
fueron artificios de una minoría palaciega que distinguía
entre ficción y realidad; hogaño, se da al juego una
dimensión real sin insuflarle suficiente verosimilitud. Es
valioso el empeño de Beccaria de ensalzar la autenticidad,
pero aquí fracasa en los medios: la historia resulta
increíble. Además, la discursividad agobiante y la
especulación reiterativa producen un ritmo lentísimo que
desemboca en una novela tediosa.
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Lola Becaría |
Lola Beccaria nació en Ferrol, A
Coruña, en 1963. Es Doctora en Filología Hispánica y
Terapeuta Gestalt, por el Centro de Terapia y Psicología
de Madrid (CTP). Desde 1986 trabaja en la Real Academia
Española, donde ha realizado diversas tareas, como
lexicógrafa y lingüista. Ha colaborado en varias
editoriales, y asiduamente, hasta su cierre, en la
revista El Urogallo con sus críticas literarias. Publica
su primera novela, La debutante, en 1996. En ese mismo
año publica una obra de teatro perdida de Lope de Vega,
El otomano famoso, descubierta, y editada, por ella
misma cuando trabajaba como documentalista en la
Biblioteca del Palacio Real. En 2001 queda finalista del
Premio Nadal con su segunda novela, La luna en Jorge.
Colabora en el argumento para el guión cinematográfico
de la película Fausto 5.0, proyecto de La Fura dels Baus
y en 2004 publica Una mujer desnuda. En la actualidad
ejerce como crítica literaria para el suplemento ABC
Cultural y como colaboradora de los diarios ABC y La Voz
de Galicia.
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