Argumento: Si en El
Evangelio según JesucristoJosé Saramago
nos dio su visión del Nuevo Testamento, en Caín
regresa a los primeros libros de la Biblia. En un
itinerario heterodoxo, recorre ciudades decadentes y
establos, palacios de tiranos y campos de batalla de la
mano de los principales protagonistas del Antiguo
Testamento, imprimiéndole la música y el humor refinado
que caracterizan su obra. Caín pone de
manifiesto lo que hay de moderno y sorprendente en la
prosa de Saramago: la capacidad de
hacer nueva una historia que se conoce de principio a
fin. Un irónico y mordaz recorrido en el que el lector
asiste a una guerra secular, y en cierto modo,
involuntaria, entre el creador y su criatura.
Caín es uno de los protagonistas principales. Otro es
Dios y otro es la humanidad. Aborda la divinidad y el
conjunto de normas y preceptos que los hombres
establecen en torno a esa figura para exigirse a sí
mismos -o tal vez sería mejo decir para exigirles a
otros- una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo
se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la
extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en
nombre de Dios.
Caín no es un tratado de teología, ni un ensayo, ni un
ajuste de cuentas: es una ficción en la que Saramago
pone a prueba su capacidad narrativa al contar, desde su
peculiar estilo, una historia de la que todos conocemos
la música y algunos fragmentos de la letra. Pues bien,
con la cabeza alta, que es como hay que mirar al poder,
sin miedos y con buen trazo José Saramago ha escrito un
libro que no nos va a dejar indiferentes. Este libro no
atrapa, lo digo porque lo he leído, pero sí hace pensar:
es un ejercicio narrativo, más que una narración sólida,
cansa a veces, pero retoma todos los tópicos religiosos
que salpican las concepciones tradicionales sobre la
Biblia judía y los pone en cuestión.
Es cierto que es una
ejercicio estilístico inacabado e intrascendente. Es
cierto, pero no deja de ser una lectura entretenida y, a
ratos, incluso divertida.
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José Saramago
José de Sousa Saramago (Azinhaga,
Portugal,
16 de noviembre de
1922) es un
escritor,
periodista y
dramaturgo
portugués. Miembro del
Partido Comunista Portugués desde 1969. En 1998 le
fue concedido el
Premio Nobel de Literatura. La
Academia Sueca destacó su capacidad para «volver
comprensible una realidad huidiza, con parábolas
sostenidas por la imaginación, la compasión y la
ironía». La novela
El Evangelio según Jesucristo (1991) lo
catapulta a la fama a causa de una polémica sin
precedentes en Portugal (que se considera una república
laica), cuando el gobierno veta su presentación al
Premio Literario Europeo de ese año, alegando que
“ofende a los católicos”. Como acto de protesta,
Saramago abandona Portugal y se instala en la isla de
Lanzarote (Canarias).
En 1995 publica una de sus novelas más conocidas,
Ensayo sobre la ceguera novela que fue llevada
al cine en el 2008 bajo la dirección de
Fernando Meirelles. En 1997 publica su novela Todos los nombres, que gozó también de gran reconocimiento. En
1998 gana el premio Nobel de literatura, convirtiéndose
en el primer escritor de lengua portuguesa en ganar este
premio. Desde entonces comparte su residencia entre
Lisboa y la isla canaria, participando en la vida
social y cultural de ambos países cuyas estrechas
relaciones justificó en una entrevista para proponer su
idea utópica de creación de una
Iberia unida.
Ateo declarado, colabora ocasionalmente en prensa,
aportando su punto de vista, siempre agudo y
comprometido. En definición suya, "Dios es el
silencio del universo, y el ser humano, el grito que da
sentido a ese silencio". Una de sus últimas obras es
"Las intermitencias de la muerte", cuenta de un país
cuyo nombre no será mencionado y se produce algo nunca
visto desde el principio del mundo: la muerte decide
suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. De
ahí en adelante, se relataran situaciones inimaginables
o no, ya que nadie muere pero siguen envejeciendo..