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Algunos personajes del Quijote, el
ama Quiteria, enamorada desde siempre de su amo; el
bachiller Sansón Carrasco, quien disfrazado de caballero
de la Blanca Luna atrajo al Quijote al pueblo; Sancho
Panza, y la sobrina del ingenioso hidalgo, Antonia
Quijano, nos descubrirán sus vidas, su más íntimos
secretos, tras la muerte de don Alonso.
“Hallóse el escribano presente y dijo
que nunca había leído en ningún libro de caballerías que
algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan
sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual,
entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron,
dio su espíritu, quiero decir que se murió”. Así expira
don Alonso en la novela cervantina y en ese mismo instante
inicia Trapiello su aventura literaria: “El ama, que
había ido a la cocina a preparar unos gazpachos, oyó aquel
hondísimo suspiro, dejó las sartenes y corrió alarmada a
donde estaban todos. Se abrazó a la sobrina y rompió en un
penoso llanto”.
Tras el entierro del hidalgo, ama y
sobrina quedan en el caserón vacío sin la presencia del ser
querido, arreglan el cuarto donde vivió el muerto, regalan
sus ropas y zapatos a los pobres del pueblo y se disponen a
continuar sus vidas con la pena a cuestas y las disputas
habituales con que se desayunaban, comían y cenaban en la
obra cervantina.
Aunque
el título del libro sugiera que no se va a hablar de don
Quijote, aparece en el primer tercio de la novela
abundantemente, en el recuerdo tanto del ama como de la
sobrina. Porque los
personajes de este libro son los que aparecen en el quijote:
el ama, la sobrina, el cura, el barbero, el bachiller Sansón
Carrasco, y cómo no, Sancho Panza. Trapiello inventa una
trama, algunas veces derivada de
Cervantes, en su mayoría de invención propia. Algunos de
estos personajes no tienen nombre en ninguno de los dos
Quijotes, y Trapiello los inventa. Y resulta que aquéllos
que consideraban loco a ese hidalgo venido a menos, ahora le
añoran y acaban considerando demasiado "cuerdo". Porque
aunque antes de morir recuperó la cordura, su locura no lo
es tanto porque sus intenciones nunca pudieron ser mejores.
Parece entonces que los ideales de la caballería andante
(honradez, valentía, desfacer entuertos y ayudar a los más
necesitados), que Cervantes satirizó en sus dos volúmenes,
son valores a conservar, aunque estén desfasados y
olvidados. Tanto que incluso se plantean volver a las
andanzas por los caminos algunos de estos personajes.
Porque don Quijote, con su
locura, ha contaminado de otros sentires a todos ellos, y a
pesar de que la novela enreda con su locura al principio, a
partir de la mitad se empieza a considerar que don Quijote,
ahora famoso por la publicación del libro, les ha dado fama
a ellos, y con ello importancia.
Trapiello entra así en un interesante juego metaliterario,
en el que Cervantes también participó en la segunda parte
del Quijote. Porque la obra de Cervantes se cita, se
comenta, los personajes la leen, y en ella Sancho descubre
las burlas que sufrió. Porque, casi inverosímilmente, Sancho
aprende a leer. También se descubren las intenciones de
Carrasco cuando se disfraza de caballero. Todo ello surge
con admiración y naturalidad, y los personajes no se
preguntan cómo Cervantes, o Hamete Benegeli, han podido
vislumbrar esos hechos y acciones, y recogerlos verazmente
en un par de libros.
Trapiello explota este
tipo de guiños, empleando un lenguaje actual, pero con algún
arcaísmo aquí y allá para asemejarlo a una escritura del
siglo XVII.
Por ejemplo, al igual que don Miguel, Trapiello menciona a
Avellaneda, y si hubo en la realidad Cervantes falsos,
también hubo quijotes falsos que andaban por los caminos
tras la muerte de don Quijote, y personas dispuestas a
aprovecharse de la situación. Y ya aparecen las primeras
ventas del Quijote, vendiendo el humo de la realidad
cervantina. El colmo de los guiños es cuando Sancho y
Carrasco deciden ir a visitar al propio autor.
Los preparativos del funeral y el entierro o las
gestiones de la herencia constituyen dos ejes sobre los que
discurre la acción al tiempo que Sansón Carrasco y Sancho
Panza van cobrando consciencia de la portentosa relevancia
que adquirirá su desaparecido paisano. Buena prueba de ello
lo constituye también la lectura del primer tomo de las
aventuras de Don Quijote que acaba por llegar al pueblo, al
tiempo que no hay quien dude de que acabará por publicarse
una segunda parte con el resto de las aventuras. Y ello da
pie a divertidas secuencias en que todos ellos se sienten
objeto de la observación de un escritor omnisciente que,
algún día, dará cumplida cuenta de sus hechos y palabras. A
la manera de un Gran Hermano de la escritura.
Curiosamente, no es Sancho Panza el personaje que asume el
principal papel de la obra. Este cargo parece recaer en el
bachiller Sansón Carrasco, que desde los primeros compases
ya comienza a lamentar haberse hecho pasar por caballero
andante y haber derrotado a Don Quijote para hacerlo volver
a su pueblo. Será ésta una trama novelesca de amores y
honras secretas y perdidas que transcurrirá en paralelo a la
tristeza de Sancho, cuya hambre de saberes crece tanto como
decrece su tragón apetito y su orondo apellido. Con ello,
asistimos a un Sancho Panza desprovisto de su perfil más
cómico pero revestido de una silueta más trascendente.
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Andrés Trapiello. (J. Jaén) |
El
escritor leonés Andrés Trapiello ha tenido la "osadía"
de escribir la continuación "natural" de la "mejor
novela de la historia", 'El Quijote', reinventando las
vidas de los personajes que Cervantes "dejó con flecos"
en su obra. "Me he comportado como un buscavidas",
confiesa el autor de 'Al morir don Quijote' (Destino),
entendiendo 'buscavidas' en su sentido de "indagador en
vidas ajenas". Andrés Trapiello, gran conocedor
de esta obra cervantina a la que ya le ha donado alguna
continuación de su propia pluma, sale airoso del reto
que significa meterse en la piel de los personajes del
Quijote, elucubrar sobre sus vidas, inventarlas y
hacerlas creíbles.
En 'Al
morir don Quijote' Sancho Panza, el ama, la sobrina, el
bachiller Sansón Carrasco, el cura y el barbero no sólo
pasan a primer plano, sino que también aparecen con unas
"vidas riquísimas y complejas", que se han visto
transformadas tras su contacto con el loco caballero.
"Si antes discutían con él, tras su muerte se dan cuenta
de que era mucha persona y que ellos mismos son
personajes de la fama del Quijote". Algunos, como el ama
o el mozo, ni siquiera tenían nombre en la obra de
Cervantes. En la de Trapiello, se enamoran, huyen (el
ama) o dejan embarazada a la sobrina de Alonso Quijano
(el mozo). Sancho Panza continúa su proceso de 'quijotización'
y aprende las letras sólo para leer la novela sobre don
Quijote en la que él aparece como un personaje más.
El libro está lleno de estos guiños,
o bromas, como las llamó Trapiello en la presentación
del libro. En las páginas de 'Al morir don Quijote'
también se cita al propio Cervantes y a Cide Hamete (el
morisco a quien Cervantes atribuye el libro), a
Avellaneda (el autor del Quijote apócrifo), y los
personajes hablan de la primera y la segunda parte de
'El Quijote', una publicada y leída por muchos, la otra
a punto de salir de imprenta. "Se saben hijos de la
celebridad y son conscientes de que tienen una
responsabilidad ante el mundo", explica el autor leonés.
Sin embargo, Trapiello asegura que no
ha querido "ser gracioso": "El error de algunos que han
hecho recreaciones del Quijote, como Graham Greene, fue
que intentaron imitar el humor de Cervantes, que es
inimitable". El británico no fue el único que se atrevió
a reinventar la obra de Cervantes: Azorín lo hizo en 'La
ruta de don Quijote', Unamuno escribió 'Vida de don
Quijote y Sancho'...
En la suya, Andrés Trapiello ha
utilizado un lenguaje que no es ni "barroco ni
casticista, sino muy sencillo, inteligible para todo el
mundo, y sólo ligeramente perfumado con arcaísmos para
hacer más verosímil la historia". Recurre a un
castellano clásico, pero que en ninguna línea intenta
ser cervantista.
'El Quijote' mantiene toda su
actualidad: "No habla de matrimonios gay pero sí de
tolerancia sexual y de igualdad en las relaciones. Es
enormemente feminista. Los personajes de 'Al morir don
Quijote' quieren que los ideales del caballero loco
sigan vivos, porque se dan cuenta de que ciertos
combates sólo pueden librarse desde el punto de vista de
la locura. Nadie es más libre que el loco, y nadie es
más justo que el libre".
Me va a resultar muy difícil, en
lo sucesivo, recordar el Quijote de Cervantes sin
acordarme del Sancho Panza de Trapiello. Y de su Sansón
Carrasco, y de la sobrina Antonia Quijano, y del ama
Quiteria... Porque eso es lo que ha llevado a cabo
el escritor leonés: convertir en protagonistas a
aquellos personajes que, en la obra de Cervantes, son
poco menos que comparsa en las peripecias del Caballero
de la Triste Figura y su escudero. Dice Trapiello que no
es necesario haber leído el libro de Cervantes para leer
el suyo. Y tal vez tenga razón, porque rescata muy bien
muchas de sus trapisondas, pero de la misma manera que
«Don Quijote de la Mancha» invita a leer «Al morir Don
Quijote», «Al morir Don Quijote» invita a leer «Don
Quijote de la Mancha». Merece realmente la pena.
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