IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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Al morir Don Quijote

Andrés Trapiello

2004. Destino. Barcelona, 412 páginas

Al morir don Quijote

Algunos personajes del Quijote, el ama Quiteria, enamorada desde siempre de su amo; el bachiller Sansón Carrasco, quien disfrazado de caballero de la Blanca Luna atrajo al Quijote al pueblo; Sancho Panza, y la sobrina del ingenioso hidalgo, Antonia Quijano, nos descubrirán sus vidas, su más íntimos secretos, tras la muerte de don Alonso.

“Hallóse el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu, quiero decir que se murió”. Así expira don Alonso en la novela cervantina y en ese mismo instante inicia Trapiello su aventura literaria: “El ama, que había ido a la cocina a preparar unos gazpachos, oyó aquel hondísimo suspiro, dejó las sartenes y corrió alarmada a donde estaban todos. Se abrazó a la sobrina y rompió en un penoso llanto”.

Tras el entierro del hidalgo, ama y sobrina quedan en el caserón vacío sin la presencia del ser querido, arreglan el cuarto donde vivió el muerto, regalan sus ropas y zapatos a los pobres del pueblo y se disponen a continuar sus vidas con la pena a cuestas y las disputas habituales con que se desayunaban, comían y cenaban en la obra cervantina.

Aunque el título del libro sugiera que no se va a hablar de don Quijote, aparece en el primer tercio de la novela abundantemente, en el recuerdo tanto del ama como de la sobrina. Porque los personajes de este libro son los que aparecen en el quijote: el ama, la sobrina, el cura, el barbero, el bachiller Sansón Carrasco, y cómo no, Sancho Panza. Trapiello inventa una trama, algunas veces derivada de Cervantes, en su mayoría de invención propia. Algunos de estos personajes no tienen nombre en ninguno de los dos Quijotes, y Trapiello los inventa. Y resulta que aquéllos que consideraban loco a ese hidalgo venido a menos, ahora le añoran y acaban considerando demasiado "cuerdo". Porque aunque antes de morir recuperó la cordura, su locura no lo es tanto porque sus intenciones nunca pudieron ser mejores. Parece entonces que los ideales de la caballería andante (honradez, valentía, desfacer entuertos y ayudar a los más necesitados), que Cervantes satirizó en sus dos volúmenes, son valores a conservar, aunque estén desfasados y olvidados. Tanto que incluso se plantean volver a las andanzas por los caminos algunos de estos personajes. Porque don Quijote, con su locura, ha contaminado de otros sentires a todos ellos, y a pesar de que la novela enreda con su locura al principio, a partir de la mitad se empieza a considerar que don Quijote, ahora famoso por la publicación del libro, les ha dado fama a ellos, y con ello importancia.

Trapiello entra así en un interesante juego metaliterario, en el que Cervantes también participó en la segunda parte del Quijote. Porque la obra de Cervantes se cita, se comenta, los personajes la leen, y en ella Sancho descubre las burlas que sufrió. Porque, casi inverosímilmente, Sancho aprende a leer. También se descubren las intenciones de Carrasco cuando se disfraza de caballero. Todo ello surge con admiración y naturalidad, y los personajes no se preguntan cómo Cervantes, o Hamete Benegeli, han podido vislumbrar esos hechos y acciones, y recogerlos verazmente en un par de libros.
Trapiello explota este tipo de guiños, empleando un lenguaje actual, pero con algún arcaísmo aquí y allá para asemejarlo a una escritura del siglo XVII.

Por ejemplo, al igual que don Miguel, Trapiello menciona a Avellaneda, y si hubo en la realidad Cervantes falsos, también hubo quijotes falsos que andaban por los caminos tras la muerte de don Quijote, y personas dispuestas a aprovecharse de la situación. Y ya aparecen las primeras ventas del Quijote, vendiendo el humo de la realidad cervantina. El colmo de los guiños es cuando Sancho y Carrasco deciden ir a visitar al propio autor.


Los preparativos del funeral y el entierro o las gestiones de la herencia constituyen dos ejes sobre los que discurre la acción al tiempo que Sansón Carrasco y Sancho Panza van cobrando consciencia de la portentosa relevancia que adquirirá su desaparecido paisano. Buena prueba de ello lo constituye también la lectura del primer tomo de las aventuras de Don Quijote que acaba por llegar al pueblo, al tiempo que no hay quien dude de que acabará por publicarse una segunda parte con el resto de las aventuras. Y ello da pie a divertidas secuencias en que todos ellos se sienten objeto de la observación de un escritor omnisciente que, algún día, dará cumplida cuenta de sus hechos y palabras. A la manera de un Gran Hermano de la escritura.

Curiosamente, no es Sancho Panza el personaje que asume el principal papel de la obra. Este cargo parece recaer en el bachiller Sansón Carrasco, que desde los primeros compases ya comienza a lamentar haberse hecho pasar por caballero andante y haber derrotado a Don Quijote para hacerlo volver a su pueblo. Será ésta una trama novelesca de amores y honras secretas y perdidas que transcurrirá en paralelo a la tristeza de Sancho, cuya hambre de saberes crece tanto como decrece su tragón apetito y su orondo apellido. Con ello, asistimos a un Sancho Panza desprovisto de su perfil más cómico pero revestido de una silueta más trascendente.
 

Andrés Trapiello. (J. Jaén)

El escritor leonés Andrés Trapiello ha tenido la "osadía" de escribir la continuación "natural" de la "mejor novela de la historia", 'El Quijote', reinventando las vidas de los personajes que Cervantes "dejó con flecos" en su obra. "Me he comportado como un buscavidas", confiesa el autor de 'Al morir don Quijote' (Destino), entendiendo 'buscavidas' en su sentido de "indagador en vidas ajenas". Andrés Trapiello, gran conocedor de esta obra cervantina a la que ya le ha donado alguna continuación de su propia pluma, sale airoso del reto que significa meterse en la piel de los personajes del Quijote, elucubrar sobre sus vidas, inventarlas y hacerlas creíbles.

En 'Al morir don Quijote' Sancho Panza, el ama, la sobrina, el bachiller Sansón Carrasco, el cura y el barbero no sólo pasan a primer plano, sino que también aparecen con unas "vidas riquísimas y complejas", que se han visto transformadas tras su contacto con el loco caballero. "Si antes discutían con él, tras su muerte se dan cuenta de que era mucha persona y que ellos mismos son personajes de la fama del Quijote". Algunos, como el ama o el mozo, ni siquiera tenían nombre en la obra de Cervantes. En la de Trapiello, se enamoran, huyen (el ama) o dejan embarazada a la sobrina de Alonso Quijano (el mozo). Sancho Panza continúa su proceso de 'quijotización' y aprende las letras sólo para leer la novela sobre don Quijote en la que él aparece como un personaje más.

El libro está lleno de estos guiños, o bromas, como las llamó Trapiello en la presentación del libro. En las páginas de 'Al morir don Quijote' también se cita al propio Cervantes y a Cide Hamete (el morisco a quien Cervantes atribuye el libro), a Avellaneda (el autor del Quijote apócrifo), y los personajes hablan de la primera y la segunda parte de 'El Quijote', una publicada y leída por muchos, la otra a punto de salir de imprenta. "Se saben hijos de la celebridad y son conscientes de que tienen una responsabilidad ante el mundo", explica el autor leonés.

Sin embargo, Trapiello asegura que no ha querido "ser gracioso": "El error de algunos que han hecho recreaciones del Quijote, como Graham Greene, fue que intentaron imitar el humor de Cervantes, que es inimitable". El británico no fue el único que se atrevió a reinventar la obra de Cervantes: Azorín lo hizo en 'La ruta de don Quijote', Unamuno escribió 'Vida de don Quijote y Sancho'...

En la suya, Andrés Trapiello ha utilizado un lenguaje que no es ni "barroco ni casticista, sino muy sencillo, inteligible para todo el mundo, y sólo ligeramente perfumado con arcaísmos para hacer más verosímil la historia". Recurre a un castellano clásico, pero que en ninguna línea intenta ser cervantista.

'El Quijote' mantiene toda su actualidad: "No habla de matrimonios gay pero sí de tolerancia sexual y de igualdad en las relaciones. Es enormemente feminista. Los personajes de 'Al morir don Quijote' quieren que los ideales del caballero loco sigan vivos, porque se dan cuenta de que ciertos combates sólo pueden librarse desde el punto de vista de la locura. Nadie es más libre que el loco, y nadie es más justo que el libre".

Me va a resultar muy difícil, en lo sucesivo, recordar el Quijote de Cervantes sin acordarme del Sancho Panza de Trapiello. Y de su Sansón Carrasco, y de la sobrina Antonia Quijano, y del ama Quiteria... Porque eso es lo que ha llevado a cabo el escritor leonés: convertir en protagonistas a aquellos personajes que, en la obra de Cervantes, son poco menos que comparsa en las peripecias del Caballero de la Triste Figura y su escudero. Dice Trapiello que no es necesario haber leído el libro de Cervantes para leer el suyo. Y tal vez tenga razón, porque rescata muy bien muchas de sus trapisondas, pero de la misma manera que «Don Quijote de la Mancha» invita a leer «Al morir Don Quijote», «Al morir Don Quijote» invita a leer «Don Quijote de la Mancha». Merece realmente la pena.

 

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