IZQUIERDA UNIDA DE SAN ANDRÉS DEL RABANEDO (LEÓN)

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Abril Rojo

Santiago Roncagliolo

Madrid: Alfaguara, 2006. 330 páginas

 

Resumen: Novela de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ganadora del Premio Alfaguara 2006 de novela. Un relato policial ambientado en las celebraciones de semana santa ayacuchana del año 2000. En ese contexto, el fiscal Félix Chacaltana tiene que descubrir la identidad de un misterioso asesino en serie, pero sus investigaciones lo llevan más bien a encontrar las huellas de la violencia política, la guerra que se desarrolló en esa región durante las décadas pasadas. Desde desaparecidos y fosas comunes hasta pueblos sitiados por las fuerzas senderistas y las más crueles acciones militares. “Chacaltana, esto es el infierno. Le doy la bienvenida” le dice un oficial de policía.

El protagonista no es un hombre aguerrido, un tipo duro; por el contrario, el fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana es un hombre pacato, que acepta los dictados del poder, un individuo mediocre que no quiere destacar («Abrió la boca y dijo con toda la convicción de la que fue capaz: "Sí, señor"») pero que, sin embargo, se encuentra sumergido muy a su pesar en el lado oscuro de un caso oficialmente cerrado.

Durante las celebraciones de la Semana Santa de 2000 en Ayacucho, Perú, se perpetra una serie de asesinatos hiperviolentos. Un fiscal venido de Lima un año antes de los acontecimientos, Félix Chacaltana Saldívar, celoso de sus deberes, entabla las indagaciones y redacta los informes respectivos con un atildamiento rayano en el ridículo. Chacaltana sospecha que las muertes se deben a ejecuciones terroristas consumadas por un rebrote de las actividades en los Andes de Sendero Luminoso. Muy pronto sus deducciones lo llevan a encararse con los altos mandos locales de la milicia y a ser testigo de los amedrentadores vestigios de los senderistas. El estupor del protagonista aflora al verse inmiscuido –aunque involuntariamente– en las sucesivas ejecuciones. En su incursión al “rincón de los muertos” (Ayacucho), el fiscal experimentará una revelación relacionada con el hito fundamental de su propia historia, como si su presencia en los Andes se debiera a una búsqueda del origen de su manía, consistente en hablar con su madre muerta como si estuviera viva.

Está presente la modalidad, muy americana, de hacer política, que consiste en mantener hasta lo imposible la máscara como cápsula que impide el conocimiento de los hechos y su solución: en cierto momento, un comandante reconviene a Chacaltana espetándole que “en este país no hay terrorismo, por orden superior”; por su parte, Chacaltana en sus informes emplea eufemismos como: “…para incrementar la colaboración del detenido, se le practicó una técnica de investigación consistente en atar sus manos a la espalda y dejarlo colgar suspendido del techo por las muñecas, hasta que el dolor le permita proceder a confesar sus actos delictivos.”

El fiscal, sujeto a las leyes, empieza a encontrarse como nada es lo que parece y detrás del espejismo de la democracia y de la institucionalidad del país se encuentra con la sutil forma de destruir esa democracia bajo el pretexto de conservarla y donde la institucionalidad se socava con medidas para mantenerla. Todo ello aderezado con el papel de la prensa en las democracias frágiles y sobre todo la religión.

Por sus páginas, aparece una brutal crítica a la religión y a la Iglesia pero escrita de forma suave, como para despistar. Un cura colaborador en crímenes de Estado al que tampoco se le quiere dar demasiado protagonismo para que no pueda conocer los detalles de las actividades militares contra la guerrilla junto con una secuencia de sucesos enlazada con la Semana Santa, en la que cada muerte responde a un día determinado de ella, basta para dar a conocer la impresión del autor sobre el papel de la Iglesia en América Latina y su particular forma de evangelizar el continente, que ha creado un fantasma lleno de miedos sobre la base de los Evangelios.

Mientras tanto Chacaltana comienza un proceso de descreimiento paulatino y descomposición moral como el Lazarillo de Tormes que le lleva a acabar encerrado en un mundo onírico y violento como el del Coronel Kurtz en Apocalypse Now.

Lo más valioso de la novela es el bien planteado “descenso al infierno” de Chacaltana, un proceso que abarca toda la primera mitad del libro. Se inicia en las salas de espera de los mandos militares ayacuchanos y culmina en la accidentada visita al pueblo de Yawarmayo, invadido cada noche por fuerzas subversivas cuya existencia (a finales del gobierno fujimorista) es oficialmente negada por todas las autoridades. Se trata de un pueblo de quechua hablantes, en el que el enfrentamiento frontal y directo de los bandos en guerra genera una atmósfera opresiva y angustiante, y donde la presencia de la muerte, una constante de toda la novela, se hace sentir con más fuerza.

La segunda mitad del libro es muy diferente, pues en ella se presentan cuatro de los cinco crímenes cometidos por el asesino en serie. Eso hace que las acciones y la narración misma se aceleren hasta alcanzar su punto culminante en ese final que remite inevitablemente (como los interrogatorios en la prisión de “alta seguridad”) al de El silencio de los inocentes: un tiroteo en una habitación oscura. No hay lugar en esta segunda parte para la creación de atmósferas, apenas para esbozar un telón de fondo casi de postal por el “color local” propio de las celebraciones por la semana santa ayacuchana: procesiones, alfombras de flores, fiestas populares, etc.

Esa amplia aunque superficial mirada a las costumbres y ritos andinos es afín con las explicaciones demasiado simplistas (como para lectores no peruanos) que se dan en la novela sobre el mito de Inkarrí, El sueño del Pongo o el Turupukllay. Es parte de la estrategia de Roncagliolo para convertir su novela en un bestseller, lo mismo que los personajes estereotipados (especialmente Chacaltana y su “novia” Edith) y el lenguaje trabajado casi exclusivamente para lograr efectos humorísticos; pero esas concesiones al gran público lector terminen restándole calidad literaria. Abril rojo es una novela entretenida y fácil de leer, en la línea de las últimas ganadoras del Premio Alfaguara.

Hay cuestiones que no se resuelven: las cartas de pésima ortografía, un elemento interesante del inicio pero que no cristaliza ni es funcional para la solución del caso; la metamorfosis del protagonista, sin un elemento concreto que lo justifique, de timorato fiscal a pistolero audaz y detective con capacidad de deducción; y el desenlace efectista que se contradice con las pistas planteadas a lo largo de la novela.

En definitiva, falta fuerza y unidad en la acción. Los personajes no están bien definidos. Qué difícil se me hizo terminarlo!!!! Por aburrido, sangriento, mal escrito, ideológicamente marcado y no definido....

Santiago Roncagliolo

Santiago Roncagliolo ha vivido en México, Perú y España, y ha trabajado como guionista de televisión, periodista, traductor y autor de discursos políticos. Además es autor de los libros infantiles 'Rugor, el dragón enamorado' (Alfaguara, 1999), 'La guerra de Mostark' (Santillana, 2000) y 'Matías y los imposibles' (Siruela, 2006). Su primera novela fue 'El príncipe de los caimanes' (Ediciones del Bronce, 2002) y el libro de cuentos 'Crecer es un oficio triste' (Ediciones del Bronce 2003), elegido Nuevo Talento por la cadena de librerías FNAC en ese año. Además, su obra de teatro 'Tus amigos Nunca te Harían Daño' ha sido representada en ocho países y seleccionada para la antología 'Dramaturgia Peruana'. En junio, Tristán Ulloa empieza a rodar la versión cinematográfica. Roncagliolo colabora, entre otros medios, con la revista Granta y El País. Pasó parte de su infancia en Arequipa, concretamente a partir de 1977. El motivo se debió al gobierno militar instaurado en Perú en 1968, que llevó a su padre, el analista político Rafael Roncagliolo a salir temporalmente al extranjero. La familia posteriormente regresó al país y Santiago cursó sus estudios en el Colegio de la Inmaculada. En Lima primero publicó libros para niños y una obra de teatro (Tus amigos nunca te harían daño). En 2000 se mudó a España y allí reside en la actualidad. Hasta ahora ha ejercido el oficio de negro literario (escribir libros publicados bajo el nombre de otra persona). Incluso hubo momentos en que se vio obligado a trabajar limpiando casas en España para salir adelante y poder subsistir, aunque hoy en día su nombre ya es un hito reconocido dentro de la literatura del mundo hispanoparlante...

 

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