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Resumen:
Novela de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ganadora del
Premio Alfaguara 2006 de novela. Un relato policial
ambientado en las celebraciones de semana santa ayacuchana
del año 2000. En ese contexto, el fiscal Félix Chacaltana
tiene que descubrir la identidad de un misterioso asesino en
serie, pero sus investigaciones lo llevan más bien a
encontrar las huellas de la violencia política, la guerra
que se desarrolló en esa región durante las décadas pasadas.
Desde desaparecidos y fosas comunes hasta pueblos sitiados
por las fuerzas senderistas y las más crueles acciones
militares. “Chacaltana, esto es el infierno. Le doy la
bienvenida” le dice un oficial de policía.
El protagonista no es un hombre aguerrido, un tipo duro; por
el contrario, el fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana
es un hombre pacato, que acepta los dictados del poder, un
individuo mediocre que no quiere destacar («Abrió la boca y
dijo con toda la convicción de la que fue capaz: "Sí,
señor"») pero que, sin embargo, se encuentra sumergido muy a
su pesar en el lado oscuro de un caso oficialmente cerrado.
Durante las celebraciones de
la Semana Santa de 2000 en Ayacucho, Perú, se perpetra una
serie de asesinatos hiperviolentos. Un fiscal venido de Lima
un año antes de los acontecimientos, Félix Chacaltana
Saldívar, celoso de sus deberes, entabla las indagaciones y
redacta los informes respectivos con un atildamiento rayano
en el ridículo. Chacaltana sospecha que las muertes se deben
a ejecuciones terroristas consumadas por un rebrote de las
actividades en los Andes de Sendero Luminoso. Muy pronto sus
deducciones lo llevan a encararse con los altos mandos
locales de la milicia y a ser testigo de los amedrentadores
vestigios de los senderistas. El estupor del protagonista
aflora al verse inmiscuido –aunque involuntariamente– en las
sucesivas ejecuciones. En su incursión al “rincón de los
muertos” (Ayacucho), el fiscal experimentará una revelación
relacionada con el hito fundamental de su propia historia,
como si su presencia en los Andes se debiera a una búsqueda
del origen de su manía, consistente en hablar con su madre
muerta como si estuviera viva.
Está presente la modalidad,
muy americana, de hacer política, que consiste en mantener
hasta lo imposible la máscara como cápsula que impide el
conocimiento de los hechos y su solución: en cierto momento,
un comandante reconviene a Chacaltana espetándole que “en
este país no hay terrorismo, por orden superior”; por su
parte, Chacaltana en sus informes emplea eufemismos como:
“…para incrementar la colaboración del detenido, se le
practicó una técnica de investigación consistente en atar
sus manos a la espalda y dejarlo colgar suspendido del techo
por las muñecas, hasta que el dolor le permita proceder a
confesar sus actos delictivos.”
El fiscal, sujeto a las
leyes, empieza a encontrarse como nada es lo que parece y
detrás del espejismo de la democracia y de la
institucionalidad del país se encuentra con la sutil forma
de destruir esa democracia bajo el pretexto de conservarla y
donde la institucionalidad se socava con medidas para
mantenerla. Todo ello aderezado con el papel de la prensa en
las democracias frágiles y sobre todo la religión.
Por sus páginas, aparece una brutal crítica a la religión y
a la Iglesia pero escrita de forma suave, como para
despistar. Un cura colaborador en crímenes de Estado al que
tampoco se le quiere dar demasiado protagonismo para que no
pueda conocer los detalles de las actividades militares
contra la guerrilla junto con una secuencia de sucesos
enlazada con la Semana Santa, en la que cada muerte responde
a un día determinado de ella, basta para dar a conocer la
impresión del autor sobre el papel de la Iglesia en América
Latina y su particular forma de evangelizar el continente,
que ha creado un fantasma lleno de miedos sobre la base de
los Evangelios.
Mientras tanto Chacaltana comienza un proceso de
descreimiento paulatino y descomposición moral como el
Lazarillo de Tormes que le lleva a acabar encerrado en un
mundo onírico y violento como el del Coronel Kurtz en
Apocalypse Now.
Lo más valioso de la novela
es el bien planteado “descenso al infierno” de Chacaltana,
un proceso que abarca toda la primera mitad del libro. Se
inicia en las salas de espera de los mandos militares
ayacuchanos y culmina en la accidentada visita al pueblo de
Yawarmayo, invadido cada noche por fuerzas subversivas cuya
existencia (a finales del gobierno fujimorista) es
oficialmente negada por todas las autoridades. Se trata de
un pueblo de quechua hablantes, en el que el enfrentamiento
frontal y directo de los bandos en guerra genera una
atmósfera opresiva y angustiante, y donde la presencia de la
muerte, una constante de toda la novela, se hace sentir con
más fuerza.
La segunda mitad del libro es muy diferente, pues en ella se
presentan cuatro de los cinco crímenes cometidos por el
asesino en serie. Eso hace que las acciones y la narración
misma se aceleren hasta alcanzar su punto culminante en ese
final que remite inevitablemente (como los interrogatorios
en la prisión de “alta seguridad”) al de El silencio de
los inocentes: un tiroteo en una habitación oscura. No
hay lugar en esta segunda parte para la creación de
atmósferas, apenas para esbozar un telón de fondo casi de
postal por el “color local” propio de las celebraciones por
la semana santa ayacuchana: procesiones, alfombras de
flores, fiestas populares, etc.
Esa amplia aunque superficial mirada a las costumbres y
ritos andinos es afín con las explicaciones demasiado
simplistas (como para lectores no peruanos) que se dan en la
novela sobre el mito de Inkarrí, El sueño del Pongo
o el Turupukllay. Es parte de la estrategia de Roncagliolo
para convertir su novela en un bestseller, lo mismo que los
personajes estereotipados (especialmente Chacaltana y su
“novia” Edith) y el lenguaje trabajado casi exclusivamente
para lograr efectos humorísticos; pero esas concesiones al
gran público lector terminen restándole calidad literaria.
Abril rojo es una novela entretenida y fácil de
leer, en la línea de las últimas ganadoras del Premio
Alfaguara.
Hay cuestiones que no se
resuelven: las cartas de pésima ortografía, un elemento
interesante del inicio pero que no cristaliza ni es
funcional para la solución del caso; la metamorfosis del
protagonista, sin un elemento concreto que lo justifique, de
timorato fiscal a pistolero audaz y detective con capacidad
de deducción; y el desenlace efectista que se contradice con
las pistas planteadas a lo largo de la novela.
En definitiva, falta fuerza
y unidad en la acción. Los personajes no están bien
definidos. Qué difícil se me hizo terminarlo!!!! Por
aburrido, sangriento, mal escrito, ideológicamente marcado y
no definido....
Santiago Roncagliolo ha vivido en
México, Perú y España, y ha trabajado como guionista de
televisión, periodista, traductor y autor de discursos
políticos. Además es autor de los libros infantiles 'Rugor,
el dragón enamorado' (Alfaguara, 1999), 'La guerra de
Mostark' (Santillana, 2000) y 'Matías y los imposibles'
(Siruela, 2006). Su primera novela fue 'El príncipe de
los caimanes' (Ediciones del Bronce, 2002) y el libro de
cuentos 'Crecer es un oficio triste' (Ediciones del
Bronce 2003), elegido Nuevo Talento por la cadena de
librerías FNAC en ese año. Además, su obra de teatro
'Tus amigos Nunca te Harían Daño' ha sido representada
en ocho países y seleccionada para la antología
'Dramaturgia Peruana'. En junio, Tristán Ulloa empieza a
rodar la versión cinematográfica. Roncagliolo colabora,
entre otros medios, con la revista Granta y El País.
Pasó parte de su infancia en Arequipa, concretamente a
partir de 1977. El motivo se debió al gobierno militar
instaurado en Perú en 1968, que llevó a su padre, el
analista político Rafael Roncagliolo a salir
temporalmente al extranjero. La familia posteriormente
regresó al país y Santiago cursó sus estudios en el
Colegio de la Inmaculada. En Lima primero publicó libros
para niños y una obra de teatro (Tus amigos nunca te
harían daño). En 2000 se mudó a España y allí reside en
la actualidad. Hasta ahora ha ejercido el oficio de
negro literario (escribir libros publicados bajo el
nombre de otra persona). Incluso hubo momentos en que se
vio obligado a trabajar limpiando casas en España para
salir adelante y poder subsistir, aunque hoy en día su
nombre ya es un hito reconocido dentro de la literatura
del mundo hispanoparlante...
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