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PRIMERO LAS PERSONAS. ANTE LA CRISIS ECONÓMICA MAYOR Y MÁS RÁPIDA
PROTECCIÓN SOCIAL
Eloina Terrón Bañuelos. Secretaria Política Social IU León
Recientemente un informe de la Comisión Europea ponía de manifiesto
que, desde septiembre de 2008, los gobiernos de Europa han dedicado
más 300.000 millones de euros de los impuestos públicos para salvar
a la banca.
En la última reunión del Consejo Europeo presidido por España, en
marzo de 2010, con motivo de la definición de la estrategia
económica para “Europa 2020”, se ha decidido que no se van a tomar
medidas concretas respecto a aquellos objetivos que hagan referencia
a mejorar la educación o la lucha contra la pobreza. Por ello no se
ha recogido ningún objetivo cuantificado a conseguir en estos dos
ámbitos.
En la propuesta inicial de debate, que planteaba la Comisión Europea
para esta reunión "Europa 2020", se incluía la reducción de la
población en riesgo de pobreza en 20 millones de personas, de los 80
millones de europeos que actualmente están en esa situación. De esos
80 millones, casi 9 millones de personas pobres en nuestro país.
Pero los resultados concretos de la política europea, presidida por
nuestro país, ha dejado a un lado estos objetivos, educación y
reducción de la pobreza, para “otro momento”. Incluso, se explicó
que “el compromiso no fue posible porque varios países pusieron en
duda que la UE tuviera competencias para ello”, tal como manifestó
el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. La ciudadanía
nos tenemos que preguntar: si la UE no tiene competencias en la
calidad de vida de sus ciudadanos y ciudadanas y sólo las tiene para
dedicar el dinero de nuestros impuestos a salvar a los bancos
privados y sus entidades financieras, algo no va bien para nosotros
y nosotras en la organización y funcionamiento de esta Unión
Europea.
De las nueve millones de personas pobres en España, casi dos
millones son niños y niñas. ¿No tenemos competencias la ciudadanía
europea para decidir que nuestros impuestos deben ir destinados a
rescatar a estos niños y niñas y a las personas en situación de
pobreza, antes que a los bancos que han sido los causantes de la
crisis?
Por supuesto que es necesario crear empleo y riqueza, pero es tan
necesario establecer mecanismos de redistribución de la misma. El
problema es que buena parte de la economía financiera que mueve el
mundo no crea puestos de trabajo ni genera producción real. Los
datos son concluyentes a este respecto. La prensa lo refleja
diariamente: “Los gestores de fondos de inversión 'hegde funds'
logran beneficios récord, ganan 18.800 millones de euros con
inversiones especulativas en un año de recesión”. Esta riqueza
creada especulativamente no va a incidir ni la creación de empleo,
ni en la creación de empresas productivas, ni en mejorar la
educación, ni la sanidad, sólo en el enriquecimiento ilimitado de
unos pocos especuladores.
Mientras en Europa se toman estas decisiones, salvar bancos con
millones de euros, se decide simultánea y conscientemente no hacer
nada ante la pobreza y la mejora de la educación, siendo esta uno de
los pilares básicos para salir de la pobreza.
No hablo de caridad. Hablo de derechos humanos y derechos
constitucionales. Hablo de derechos sociales y responsabilidades
públicas recogidas en la Constitución Europea y española, en las
leyes y tratados internacionales y en todos los estatutos de todas
las comunidades autónomas.
Últimamente se habla mucho de países que no cumplen con los derechos
humanos. Parece que se hace desde la autoridad moral que da el que
en el propio contexto social, esos derechos humanos están firmemente
avalados y cumplidos. Pero, como vemos, esto no parece que sea así.
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de Niño y la
Niña, refleja que el interés superior del menor debiera ser el motor
de las sociedades, obligadas a proteger la supervivencia y
desarrollo de la infancia frente a los errores, abusos y
dificultades del mundo adulto. Su derecho a crecer con un nivel de
recursos materiales suficiente, para proteger su desarrollo físico y
mental, y permitir su participación en las sociedades donde
nacieron, es un derecho que debe ser protegido, tanto en los buenos
como en los malos tiempos.
En nuestra Comunidad de Castilla y León y según el informe de la
Inclusión Social en España, un 25,3% de los niños y niñas de menores
de 15 años son pobres. Este informe concluye, que nuestra Comunidad
de Castilla y León, es la que tiene unos mayores niveles de pobreza
alta y severa. (La pobreza alta se corresponde con unos ingresos
menores de 4.231€ anuales, la pobreza severa corresponde a unos
ingresos menores de 3.037€).
Garantizar este derecho no debería depender de si las economías
están creciendo o sufren recesiones, o si los tipos de interés suben
o bajan. Este es el significado del “interés superior” de la
infancia. Y reducir las tasas de pobreza infantil es quizás la
prueba más significativa y medible del éxito de los gobiernos del
mundo desarrollado. Una persona perteneciente a una sociedad se
considera pobre si los ingresos de que dispone son menos de la mitad
de los ingresos medios de que disponen las personas de esa sociedad.
Y no se puede reducir las tasas de pobreza infantil si no se reducen
las tasas de pobreza adulta.
Es por ello que desde IU consideramos que debe hacerse un esfuerzo
mucho mayor y más urgente para poner en marcha ya la renta de
ciudadanía en nuestra comunidad. Esperar es dejar que muchas más
personas entren en el círculo de la pobreza. Es necesario abrir las
convocatorias para que las personas puedan solicitar ayudas sociales
para atender las necesidades básicas. Es necesario aumentar los
presupuestos de ayudas sociales de las administraciones públicas y
dar respuestas rápidas a las necesidades de las personas.
Invertir en mejorar la calidad de vida de la infancia es, una
estrategia social de prevención, de la que todos y todas salimos
beneficiados: los niños y niñas y sus familias, al poder disfrutar
de mejores oportunidades para construir su futuro, y la sociedad en
su conjunto, al poder aprovechar al máximo los talentos y
capacidades individuales de todos sus ciudadanos/as, y ayudar así a
prevenir a la vez los riesgos de fractura social.
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